En 2004, decidí adentrarme por primera vez en las profundidades del océano, frente a la costa pacífica de Costa Rica. Aunque no contaba con una licencia de buceo, accedì a un nivel básico conocido como "Discovery", donde los guías nos proporcionaban una introducción breve antes de lanzarnos al agua con atención personalizada. En ese momento, no entendía la importancia de respirar de forma pausada, algo que me costaba, ya que siempre había vivido apresurado, como si las oportunidades se me escaparan. Tampoco comprendía el concepto de flotabilidad neutra; mi vida era un constante subir y bajar sin alcanzar el equilibrio. Iniciativas globales como la Década de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible y acuerdos históricos como el Tratado de Alta Mar están impulsando la conservación y el uso sostenible de los recursos marinos, ofreciendo oportunidades significativas para restaurar y proteger estos ecosistemas vitales. El proceso para sumergirse en el océano incluía ponerme todo el equipo necesario, como un tanque de aire de 10 litros con una mezcla de 79% de nitrógeno y 21% de oxígeno. La inmersión me permitía llegar a una profundidad máxima de 10 metros, siempre acompañado de un guía. Una vez en el agua, calculé que debía ajustar el peso de mi equipo para lograr una flotabilidad neutra y mantenerme equilibrado en el fondo marino. Aunque la visibilidad era baja, pude ver algunas especies de peces de colores y una floresta en el arrecife de coral, lo que me hizo sentir parte de ese ecosistema, sin la repulsión que experimentaba antes al ver animales en acuarios. El proceso de buceo requería atención a cada detalle: mantener la máscara limpia, vaciar el agua filtrada y equilibrar la presión para evitar molestias en los oídos. Además, el manómetro y el computador de buceo eran esenciales para controlar el suministro de aire, la profundidad y el tiempo de inmersión. Aunque la primera inmersión fue difícil, logré conectar con un mundo fascinante, diferente al que conocía en cualquier parte de la superficie. Años más tarde, decidí hacer el curso de certificación de aguas abiertas en Puerto López, Ecuador. El curso estaba dividido en tres partes: la teoría a través de un libro, la práctica en piscina y finalmente, la experiencia en el mar abierto con inmersiones de práctica. Aunque fue un reto superar las primeras pruebas, me sentí cada vez más cómodo con el equipo y con el proceso de adaptación. A medida que avanzaba, descubrí un mundo de belleza increíble, lleno de equilibrio y armonía entre las especies y el entorno, que resistían el paso del tiempo en las profundidades del océano. Con el tiempo y gracias a más inmersiones, obtuve mi licencia de buceo avanzado, lo que me permitió descender hasta 30 metros. Esta nueva certificación me abrió la posibilidad de explorar especies más grandes y un ambiente marino más desafiante. La experiencia, aunque técnica, se convirtió en un descubrimiento profundo de la belleza y el equilibrio del mar. LOS SPOTS DE BUCEO Riviera maya, México En plena pandemia, busqué aire fresco y viajé a la Riviera Maya, México, donde disfruté de la actividad de buceo durante 20 días. La baja demanda de turistas permitió que los instructores, como Keila, se dedicaran especialmente a mí y a mi primo. Durante mi estadía, realicé hasta cuatro inmersiones diarias, lo que me permitió conectar profundamente con el océano. Aunque aún tenía que mejorar mi manejo del equipo, cada inmersión era relajante y transformadora, rodeado de un mundo vibrante y una fauna fascinante. En la Riviera Maya, tuve la oportunidad de aprender a bucear y explorar arrecifes de coral llenos de vida. Los peces se movían en grupos coloridos bajo el agua, creando una danza vibrante, y pude ver criaturas como las morenas en el fondo del arrecife. La biodiversidad es impresionante, con una visibilidad excepcional que permitió apreciar cada detalle. También vi tiburones toro en su hábitat natural durante su migración entre noviembre y febrero, lo cual fue una experiencia fascinante y maravillosa. Estos tiburones son verdaderamente imponentes, y su presencia en la zona es un espectáculo único. Además, exploré cenotes, cuevas subterráneas con agua dulce, donde pude apreciar impresionantes formaciones rocosas y un juego de luces único que entraba desde el exterior. La experiencia de bucear en estos lugares fue emocionante y llena de maravillas naturales. Cada momento bajo el agua fue una aventura que me permitió descubrir la riqueza y la belleza de la vida marina y subterránea de la Riviera Maya. Bucear en la Riviera Maya fue una experiencia mágica y desafiante, un paraíso submarino que, combinado con el turísmo de la región, ofrece una vivencia única para los amantes del buceo. Costa pacífica, Isla de la Plata. Manabí-Ecuador Después de perfeccionarme en Playa del Carmen, visité los de buceo en Ecuador, entre ellos la Isla de la Plata, ubicada frente a Puerto López provincia de Manabí Esta isla es famosa por sus arrecifes de coral, hogar de una rica vida marina y un punto de paso para especies migratorias como ballenas jorobadas, tiburones ballena y mantarrayas gigantes, que pueden observarse entre mayo y septiembre. Tuve la suerte de presenciar un espectáculo de ballenas jorobadas durante nuestra navegación hacia los sitios de buceo. Al descender a 20 metros de profundidad, rodeamos el arrecife mientras nos enfrentábamos a una fuerte corriente marina. La vida marina es impresionante: escuelas de peces vibrantes y una mantarraya gigante que se movía con gracia a nuestro alrededor, creando una escena impresionante. En otro momento, mientras me preparaba para el segundo buceo del día, escuché el grito de mi hija Luciana, inicialmente alarmante, pero que resultó ser una señal de la aparición de un tiburón ballena de 12 metros, nadando cerca de nosotros. Fue un momento increíble en aguas semicálidas, influenciadas por el fenómeno de El Niño. En nuestro regreso, paramos en la Isla de Salango para una breve inmersión alrededor de un arrecife de coral. Aunque la costa ecuatoriana no es tan conocida mundialmente por el buceo, es un destino privilegiado para el avistamiento de ballenas jorobadas, y mi experiencia fue una combinación de belleza y fascinación por la biodiversidad. Ecuador, con su geografía diversa, que incluye la selva amazónica, la sierra andina y la costa pacífica, es también hogar de las Islas Galápagos, un lugar reconocido mundialmente por su biodiversidad e importancia científica. Islas Galápagos, Ecuador Las Islas Galápagos, un archipiélago único en el mundo, se encuentran en el corazón del Pacífico, frente a las costas de Ecuador. Este paraíso natural es un tesoro de biodiversidad, hogar de especies que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Desde las tortugas gigantes que han dado fama a las islasy dan el nombre al archipiélago, hasta las fascinantes iguanas marinas que se sumergen en las aguas. Cada rincón de Galápagos es un recordatorio del milagro de la naturaleza. Las islas no solo se caracterizan por su flora y fauna terrestre, sino también por sus ricos ecosistemas marinos, que albergan ballenas, tiburones, delfines, mantarrayas y un sinfín de criaturas que convierten el océano en un mundo vibrante y lleno de vida. Bucear en Galápagos es adentrarse en un mundo sin igual, donde la visibilidad bajo el agua de hasta los 30 metros donde el espectador puede sentirse uno más en este ecosistema fascinante. Las corrientes frías y fuertes desafían a los buzos más experimentados, pero el esfuerzo es recompensado con encuentros asombrosos: tiburones martillo que se desplazan en grandes grupos, tortugas que nadan junto a las criaturas marinas y bancos de peces que colorean las aguas en un despliegue de tonos iluminados. Las islas de Darwin y Wolf, especialmente, son refugios de tiburones y otras especies marinas que convierten a estas áreas en destinos obligados para los amantes del buceo. Sin embargo, lo que hace aún más especial a Galápagos es su capacidad para seguir siendo un oasis de paz y armonía. Mientras en el continente pueden surgir brotes de inseguridad social, manifestaciones o crisis económicas, en Galápagos reina una calma inquebrantable. Las islas están protegidas por leyes estrictas, que aseguran no solo la conservación del entorno natural, sino también el bienestar de los habitantes. El turismo, aunque limitado, es la principal fuente de ingresos para la comunidad local, que, con un profundo amor por su tierra, se dedica a su protección. Los galapagueños, personas que viven en estrecha relación con la naturaleza, son los guardianes de este paraíso, disfrutando de privilegios que los motiva a cuidar su hogar. La infraestructura turística de Galápagos es de alta calidad, con pequeños pero elegantes hoteles, restaurantes y cruceros de expedición que brindan una experiencia única. Sin embargo, lo que realmente hace a este destino tan especial es la relación que los visitantes pueden establecer con la naturaleza. No se trata solo de ver a los animales, sino de ser parte de un entorno único, donde la vida submarina y terrestre parecen entrelazarse de manera mágica. Galápagos no es solo un lugar de extraordinaria belleza, sino también un símbolo de esperanza. En un mundo cada vez más afectado por la contaminación y la explotación de recursos, las islas nos enseñan el valor de la conservación, el respeto por la naturaleza y la importancia de vivir en armonía con nuestro entorno. Visitar Galápagos es, en cierto sentido, un acto de conexión profunda con el planeta, un recordatorio de que aún existen lugares donde la naturaleza se mantiene intacta y el equilibrio prevalece. Baja California, México A menudo me preguntan por qué busco nuevos destinos de buceo si las Islas Galápagos y la Isla de la Plata en Ecuador ya son tan ricas. Pero, al igual que los paisajes terrestres, cada lugar bajo el agua tiene su propia geografía, clima, flora y fauna, lo que hace que cada experiencia sea única. Mi curiosidad por el buceo me ha llevado a descubrir lugares impresionantes como Los Cabos en Baja California, México; las Islas Maldivas en el Océano Índico; el Mar Rojo en Egipto; las Bahamas, entre otros, cada uno ofreciendo algo especial en sus aguas. También te puede interesar: Ni de chiste se humilla a una persona Los Cabos, México El Mar de Cortés, en Baja California, es singular por albergar el único arrecife de coral al norte del Trópico de Cáncer, en Cabo Pulmo, considerado el “acuario del mundo”. Este arrecife, con más de 20,000 años de existencia, es hogar de una rica biodiversidad, incluyendo tiburones, tortugas, rayas, mobulas y mantarrayas. Las aguas cálidas y claras, con visibilidad de hasta 20 metros, crean un entorno ideal para el buceo. Durante mi visita, me sumergí en varios puntos destacados como “El Vencedor”, un barco hundido, y “Los Morros”, famoso por sus tiburones toro, disfrutando de un equilibrio perfecto entre los seres vivos del arrecife. Cabo Pulmo, protegido como parque nacional, es un paraíso natural, sin contaminación, donde todo convive en armonía. Mi contacto con el océano en el Asia Islas Maldivas Después de mi aventura en el Himalaya, me dirigí a las Islas Maldivas, no para descansar en la playa, sino para bucear. Las Islas Maldivas, famosas por su vida marina, me ofrecieron una experiencia incomparable. Realicé inmersiones diarias, incluidas nocturnas con mantarrayas, lo que fue fascinante. Sin embargo, durante la travesía, observé que la alimentación artificial principalmente de tiburones y mantarrayas para atraerlos alteraba el equilibrio natural del ecosistema marino, lo que me dejó una sensación ambigua. Aunque fue una experiencia increíble, me hizo reflexionar sobre el impacto humano en el mar y la importancia de respetar los hábitats naturales, como sucede en Galápagos y Cabo Pulmo, donde se protege el ecosistema sin interferir. Mar rojo, Egipto. Costa africana Durante mi expedición en el Mar Rojo, en Egipto, tuve una experiencia particular con delfines que se acercaron al barco y nos invitaron a un "baile" en el mar. Nos lanzamos al agua para nadar y bucear con ellos a 15 metros de profundidad, lo que me emocionó profundamente. Después de esa increíble interacción, realicé una nueva expedición de 5 días por la costa de Hurgada, mejor preparado gracias a un curso de Aire Enriquecido. El Mar Rojo, con su visibilidad de más de 35 metros y temperaturas superiores a 25°C, me permitió realizar inmersiones largas en arrecifes vibrantes y llenos de vida marina, especialmente tortugas y morenas. Las inmersiones nocturnas revelaron aún más colores y especies raras. La vida a bordo de un barco exclusivo para buceo fue también enriquecedora, ya que pude socializar con personas de todo el mundo, uniendo nuestras pasiones por el mar. A medida que exploro más el mundo del buceo, me siento más conectado con el océano y con un sentido de paz que me ayuda a relativizar los problemas cotidianos. El Mar Rojo, con su belleza y tranquilidad, dejó en mí un recuerdo profundo, especialmente por la danza de los delfines y la vida marina que encontré bajo el agua. Por: Ramón Dávalos