- El sector de Las Peñas es un barrio característico de edificaciones coloniales coloridas en Guayaquil - La pobre examinación y selección de los suelos hábiles ha hecho a Guayaquil, desde su fundación, una urbe vulnerable a desastres naturales y de salubridad. Desde finales del siglo XV, y a lo largo del siglo XVI, se dio el proceso fundacional español de numerosas ciudades en el territorio americano. A pesar de las recomendaciones establecidas en los mandatos fundacionales, donde se especificaba la importancia del lugar de emplazamiento por factores climáticos y naturales, muchas veces se priorizaron las necesidades económicas. A menudo, los núcleos urbanos terminaron ubicados en terrenos inundables, a faldas de volcanes en actividad o junto a conocidas fallas geológicas, como fue el caso de Guayaquil. Después de trece años de exploraciones por el centro del país en busca de fundar una ciudad de enlace comercial, en 1547, a veinte kilómetros de la costa del Pacífico en la confluencia de los ríos Daule y Babahoyo que da origen al Río Guayas, se fundó Santiago de Guayaquil. Una ciudad que, por su ubicación, permitió la construcción urgente de un puerto para vincularse comercialmente con Panamá y que, a su vez, facilitó la exportación de productos de las tierras interiores. El suelo hostil guayaquileño Durante la época colonial en Guayaquil eran reconocidos dos tipos de suelo: el de la “ciudad vieja” -entre los actuales cerro Santa Ana y cerro del Carmen- definido como una pared firme, mientras el de la “ciudad nueva” -actual Malecón 2000- se lo consideraba como una greda muy esponjosa e intransitable. Para la ubicación de las primeras edificaciones se consideró la elevación del terreno y los suelos firmes y rocosos. Sin embargo, nunca se evaluó la calidad de este suelo. Durante el siglo XVII hubo un significativo incremento poblacional por lo que las autoridades decidieron poblar un área al sur de “ciudad vieja”, conocida entonces como “Sabaneta”, cruzando tres esteros ubicados entre las calles Loja y Junín. Desde 1693, en la zona se construyeron importantes edificios para la ciudad como lo son el Palacio Municipal y la Catedral de Guayaquil. En esa época, las áreas aledañas a los esteros estuvieron ocupadas por manglares que fueron talados, y los suelos rellenados paulatinamente -entre los siglos XVIII y XIX- con basura, escombros, conchas y material pétreo. Los suelos son del tipo reconocido por las normas constructivas como “no ingenieril” y en esa área no existían edificios altos o pesados, con excepción de unos pocos con pilotes junto al malecón. Los suelos sobre los que se acentuaron estas edificaciones fueron inundables durante lluvias fuertes y altas mareas, pero de fácil drenaje. Tienen poca capacidad portante, con presencia de estratos profundos de arcillas y limos. Asimismo, su capacidad para amplificar las ondas sísmicas es notable y los registros instrumentales establecen que las aceleraciones del suelo se incrementan cuatro veces en relación a sus valores en roca para sismos lejanos de gran magnitud. En Guayaquil se planifica sobre lo incierto La localización sobre la placa Sudamericana, bajo la cual se subducta la placa de Nazca, ha determinado que, a lo largo de los siglos, Guayaquil haya sido afectada por eventos sísmicos que condicionaron su arquitectura. Su ubicación en una planicie, rodeada de terrenos inundables, determinó que su defensa fuera compleja, por lo que estuvo expuesta a continuos ataques de los piratas y pestes entre los siglos XVI y XVIII. Como resultado de diferentes eventos destructivos y de su vulnerabilidad, el trazado de Guayaquil y sus reglamentaciones urbanas han ido ajustándose y sufriendo modificaciones, lo que ha obligado a los pobladores a repensar y replantear su desarrollo cada cierto tiempo para corregir los errores de su desordenado crecimiento urbano. La necesidad de permanecer junto a la ría, hizo que la ciudad siguiera creciendo hacia el sur al margen del Guayas, en los actuales barrios del Astillero durante el siglo XIX y hasta el barrio del Centenario, a inicios del siglo XX, cuando se puso en marcha el primer plan de desarrollo urbano de la ciudad. Este plan fue una reproducción de los planes urbanos que se estaban llevando a cabo en Norteamérica, determinando limitaciones muy claras entre sectores administrativos, comerciales y residenciales. Hoy, Guayaquil es una ciudad de casi tres millones de habitantes, con un acelerado crecimiento de su planta urbana y una baja densidad que dificulta la dotación de sus servicios. La constante expansión y ocupación de la ciudad ha difuminado los límites de Guayaquil con cantones limítrofes en el norte y oeste como son Eloy Alfaro, Samborondón, Daule y Salitre. La condición de la gran parte de suelo disponible de la ciudad, la cual encarece la cimentación de construcciones de altura, y una cultura acostumbrada a la vivienda horizontal, perturban el plan hacia un necesario crecimiento vertical. Hoy, la ciudad requiere la apertura a nuevas estrategias para verdaderos cambios urbanos. Como en sus inicios, Guayaquil continúa en busca de soluciones amigables y coherentes con su geografía y para sus habitantes, sin descuidar su desarrollo urbano y su arquitectura.Por: Florencio Compte, Arquitecto, Vicerrector Académico UCSG.