En cada época de la humanidad, los planificadores urbanos diseñaron las ciudades en base a las distancias que se podían recorrer. Es así como, al tener automóviles, las ciudades se hicieron más grandes y esto trajo consigo a barrios rurales donde las personas tenían sus lugares de descanso y así, la vida se volvió auto dependiente. Hoy miramos el problema que supone tener cientos de miles de vehículos en las calles; la emisión de gases de efecto invernadero y el estrés abundante que representa el tráfico, son algunos ejemplos. Hoy, los planificadores urbanos han vuelto la mirada al Urbanismo a Escala Humana y se han enfocado en proyectos urbanos amigables como lo son las ciudades de 15 minutos. Una ciudad de 15 minutos es aquella en la cual las personas realizan trayectos de no más de estos 15 minutos estipulados, ya sea a pie o utilizando movilidad alternativa, para llegar a lugares de primera necesidad como el trabajo, la escuela, hospitales, comercios, etc. ¿Qué ha pasado en Ecuador? Guayaquil y Quito han sufrido crecimientos importantes en los últimos años. Sin embargo, no se ha colocado al ser humano como centro de la planificación urbana, lo que ha traído a las urbes decenas de problemas y esfuerzos infructuosos por descongestionar las calles y brindar una mejor calidad de vida a sus habitantes. En el caso de La Perla del Pacífico, los barrios tradicionales como El Centenario, Urdesa, La Alborada, Las Peñas y otros más, perdieron su tradición como centros comunitarios de cohesión. Poco a poco, las familias empezaron a buscar “mejores” condiciones de vida en los cantones aledaños como Samborondón y los barrios cambiaron su costumbre para convertirse en comercios, oficinas y, en puntuales casos, edificaciones abandonadas. Este fenómeno responde a la elección de un modelo expansivo en lugar de un modelo concentrado. Al principio todo parecía funcional, las urbanizaciones cerradas, las grandes avenidas nuevas y los centros comerciales se veían como un dieal. Pero hoy, se han evidenciado los grandes trancones en las anchas avenidas, la deforestación y la disminución importante en la calidad de vida de los ciudadanos en los barrios centrales de la ciudad. Cuando se pensaron las grandes urbanizaciones cerradas en Samborondón, no hubo un previo análisis en el volumen de gente que se movilizaría hacia esta zona y la enorme demanda de servicios que esto traería. De este modo, los habitantes de estas urbanizaciones tenían que movilizarse hasta una zona más céntrica de Guayaquil para ocupar los servicios necesarios como comercios, peluquerías, veterinarias etc. Esto provocó una dependencia absoluta de los automóviles en las ciudadelas periféricas, las aceras se vaciaron de personas y la delincuencia, al no tener seres humanos ocupando los espacios públicos, también sufrió un incremento. Otro serio inconveniente de las urbanizaciones cerradas que se generaron en los cantones aledaños a Guayaquil es la bajísima densidad poblacional que tienen debido a la carencia de construcción en altura. Lo que se dio fue un modelo expansivo horizontal nocivo para el medio ambiente y el desarrollo sostenible de la ciudad. No obstante, la actual planificación urbana de Guayaquil y sus cantones aledaños está cambiando. Se ha determinado que la multiplicidad de usos (los permisos de vivienda, comercios, oficinas y otros), la construcción vertical y el diseño de una urbe orientada al transporte público con nuevas centralidades, son la solución en vía a obtener una ciudad a escala humana. Ejemplo de esto es la construcción del Puerto Santa Ana; en donde los grandes edificios que se construyen evidencian la multiplicidad de usos con la presencia de oficinas, comercios, restaurantes, pero, especialmente, grandes espacios públicos para que las personas vuelvan a disfrutar de una vida a pie, que sientan cercana a su ciudad, la disfruten y se apropien de ella. Más personas apropiadas de los espacios públicos como aceras, parques y plazas, deviene en una mejora de la seguridad, genera bienestar en la ciudad y permite que los ciudada vivan una mejor experiencia urbana.Por: Daniel Elmir, Gerente General de Elmir Grupo Inmobiliario.