Por Andrea Cavallari, Directora Sr. de estrategias de mercado de servicios para Latinoamérica en Red Hat El temor no es infundado. Según el Future of Jobs Report, del Foro Económico Mundial, aproximadamente el 39% de las competencias profesionales deberán transformarse para 2027 debido a los avances tecnológicos. Sin embargo, el debate dista mucho de ser completamente negativo. Un análisis reciente del Banco Mundial señaló que, en América Latina y el Caribe, entre el 30% y el 40% de los empleos están, de alguna manera, expuestos a la inteligencia artificial generativa. Sin embargo, esto no implica un impacto negativo. Al contrario: el mismo estudio mostró que entre el 8% y el 12% de los empleos en la región podrían experimentar un aumento de productividad, y solo entre el 2% y el 5% tendrían un riesgo real de ser automatizados. También puedes leer: La IA destrona a los juegos móviles en descargas. El panorama en constante evolución exige una evaluación concreta para encontrar la mejor manera de reaccionar ante los cambios. Perfiles más conservadores, por ejemplo, podrían considerar no tomar ninguna acción inmediata, prefiriendo observar si la transformación es duradera o simplemente un “hype” tecnológico. Por otro lado, los perfiles más proactivos pueden centrar sus esfuerzos en desarrollar un plan de trabajo inmediato para adaptarse a los cambios y no perderse la “nueva ola”. Lo cierto es que no existe una fórmula única ni una respuesta definitiva sobre cómo actuar ante nuevas tendencias o eventos tecnológicos inesperados. La mejor estrategia dependerá siempre del contexto, el sector de actividad y el grado de exposición al riesgo. Aun así, algunos factores son fundamentales a la hora de tomar decisiones: Coste de imagen y reputación: ¿Puede la inacción afectar negativamente la percepción de la marca? Costo legal: Dependiendo del tema, las empresas deberán adaptarse a las nuevas regulaciones o enfrentarse a sanciones. La Ley General de Protección de Datos (LGPD) de Brasil es un claro ejemplo: la adaptación requirió importantes inversiones en sistemas y procesos, pero no fue opcional. Con la IA, las nuevas regulaciones tienden a ampliar este debate, y ¿cuál será su coste real? Cuota de mercado: Cuando se trata de nuevas tecnologías, quienes no adoptan la nueva tendencia suelen perder relevancia en el mercado. ¿Podría la empresa mantener su solidez financiera con su cartera actual? Pérdida de ingresos y clientes: Este es quizás el impacto más tangible. Si los clientes buscan soluciones que la empresa no puede ofrecer en el tiempo y forma requeridos, la migración a otros proveedores es inevitable. ¿Puede la empresa permitirse perder a estos clientes? También te puede interesar: La inteligencia artificial en cifras: 10 datos clave según CITEC. Si la respuesta a estas cuatro preguntas es afirmativa, es muy probable que sea necesario tomar medidas e invertir. La preocupación por los costes de adaptación a las nuevas demandas del mercado siempre es un punto crítico; sin embargo, en la práctica, el costo de no hacer nada a menudo supera la inversión en la solución adecuada.