Con el aumento de la dependencia de servicios financieros digitales, el número de ciberataques se ha triplicado en la última década, y el sector de servicios financieros sigue siendo el blanco preferido. La ciberseguridad se ha convertido, sin lugar a duda, en una amenaza para la estabilidad financiera. ➤ Ver también: Ciberseguridad, un aspecto indispensable para la estrategia 2021 Dada la gran interconexión tecnológica y financiera, un ataque a una institución financiera importante, o a un sistema o servicio central muy utilizado, podría propagarse con rapidez por todo el sistema financiero, causando una perturbación generalizada y la pérdida de confianza. Las transacciones no se llevarían a cabo debido a que la liquidez estaría retenida, y los hogares y empresas podrían perder el acceso a los depósitos y los pagos. En casos extremos, los inversionistas y depositantes podrían exigir la retirada de sus fondos o tratar de cerrar sus cuentas u otros servicios y productos que suelen utilizar. Las herramientas de piratería informática son ahora más baratas, más sencillas y potentes, lo que permite que piratas informáticos con menos habilidades consigan hacer un daño mayor con tan solo una parte de lo que costaba anteriormente. La expansión de los servicios móviles (la única plataforma tecnológica de la que disponen muchas personas), aumenta las posibilidades para los piratas informáticos. Los atacantes se fijan como objetivo instituciones grandes y pequeñas, países ricos y pobres, y operan sin fronteras. La lucha contra la ciberdelincuencia y la reducción del riesgo debe ser, por tanto, una empresa compartida entre países y dentro de estos. Si bien el trabajo diario de base en materia de gestión del riesgo —mantener las redes, actualizar el software y aplicar una “ciberhigiene” intensa— corresponde a las instituciones financieras, también existe la necesidad de afrontar retos comunes e identificar los efectos secundarios y las interconexiones en todo el sistema financiero. Los incentivos para que las empresas individuales inviertan en protección no son suficientes; es necesaria una intervención en términos de regulación y política pública para prevenir la inversión insuficiente y proteger al sistema financiero más amplio de las consecuencias de un ataque. ➤ Para leer el informe completo, haga clic en el siguiente enlace Fuente: FMI