En muchas comunidades, producir alimentos sigue siendo una actividad marcada por la escasez de agua, los efectos del cambio climático, el limitado acceso a mercados, la baja tecnificación y contadas oportunidades de negocio. Ante este panorama, las nuevas generaciones dejan un campo yermo de oportunidades. En la provincia de Cañar, por ejemplo, los jóvenes representan el 42% de las personas desocupadas y solamente el 16% de los agricultores; 7 de cada 10 migrantes de Cañar son jóvenes que buscan un futuro mejor en las ciudades y hasta en el exterior. Este éxodo juvenil unido a la necesidad acuciante de relevo generacional —la edad promedio de los productores es de 58 años— plantea un gran reto a la sociedad ecuatoriana. Para que el campo vuelva a ser atractivo para la juventud, tenemos que conectar sus activos extraordinarios —su gran agrobiodiversidad, conocimientos ancestrales y su riqueza cultural— con las oportunidades del siglo XXI. Los avances tecnológicos, la digitalización y la conectividad pueden mejorar la producción y facilitar las ventas de sus productos. Las organizaciones de productores son fundamentales para lograr esta visión vibrante de la agricultura. Pese a su origen como mecanismos de solidaridad, estas asociaciones deben convertirse en cooperativas agrícolas y empresas rurales capaces de negociar con los mercados, financiarse, adoptar tecnología y generar servicios agrícolas que aumenten la calidad de la producción de sus socios. El futuro de la agricultura familiar requiere inversión en conocimiento, innovación y servicios rurales modernos, tales como asistencia técnica, pruebas de laboratorio y uso compartido de maquinaria. Los jóvenes tienen mayor predisposición a innovar y adoptar nuevas tecnologías, como riego tecnificado, agricultura de precisión, plataformas digitales de comercialización, trazabilidad e inteligencia de mercados. Estas tecnologías pueden transformar la productividad y resiliencia de los pequeños productores y abrir nuevas oportunidades de negocio. También te puede interesar: Cascos Verdes: sembrando sostenibilidad, compromiso y futuro En este contexto, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) está diseñando junto al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca un proyecto de inversión en la Sierra Centro y Sur, para demostrar que la innovación tecnológica vinculada a oportunidades comerciales puede generar múltiples oportunidades de negocios, incluida la exportación. Un futuro mejor para el campo es posible; solo exige este cambio de paradigma: convertirlo en un espacio de innovación, emprendimiento y oportunidades al que los jóvenes quieran regresar, o quedarse, y construir su futuro. Por: Frederico Lacerda, Director País A.I. para Ecuador del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) entre julio de 2025 y julio de 2026