En 2023, fenómenos climáticos extremos, intensificados por El Niño, provocaron aumentos significativos en los precios de los alimentos básicos en la región. Las sequías y olas de calor elevaron el precio del maíz en Argentina, México, Nicaragua y República Dominicana. Al mismo tiempo, las lluvias torrenciales en Ecuador hicieron que los precios al por mayor subieran entre un 32% y un 54%. Aunque las redes de seguridad social han reducido la desnutrición en algunos países, las comunidades rurales y las poblaciones más vulnerables siguen siendo las más afectadas. “Las crisis son cada vez más extremas”, afirmó Lola Castro, directora regional del Programa Mundial de Alimentos (WFP). Según un estudio de 2020 citado en el informe, el 36% de las pequeñas explotaciones agrícolas en Honduras y Guatemala sufrieron inseguridad alimentaria debido a fenómenos climáticos extremos. También puedes leer: Encuesta clima de negocios y gestión gubernamental 2024 En zonas rurales de Ecuador, los agricultores enfrentan desafíos como la erosión de suelos tras lluvias prolongadas, lo que los obliga a sembrar en terrenos vírgenes, perpetuando un ciclo de degradación. La investigadora Ivy Blackmore señala que los campesinos, al carecer de recursos, venden sus cultivos nutritivos y optan por alimentos más baratos y menos saludables. El cambio climático también impulsa el consumo de alimentos ultraprocesados, exacerbando problemas como la obesidad, que ha crecido notablemente desde el año 2000. América Latina enfrenta el costo más alto del mundo para mantener una dieta saludable, pero los cultivos tradicionales podrían ofrecer una solución. También puedes leer: Científicos en EE.UU. buscan una píldora para limitar los eructos de vacas y ayudar al clima Productos como la quinoa y raíces andinas (mashua, melloco) son nutritivos y resistentes al clima extremo. Además, técnicas tradicionales como las terrazas agrícolas conservan la humedad y la fertilidad del suelo. Carlos Andrés Gallego-Riofrío, investigador de la Universidad de Vermont, destacó que estas prácticas en comunidades rurales como Caliata, Ecuador, demuestran ser sostenibles y saludables. “En los sistemas tradicionales andinos hay mucho que aprender”, concluyó Gallego-Riofrío. Incorporar estas prácticas podría ser clave para enfrentar los desafíos alimentarios y climáticos en la región. Fuente: Cnn