La pregunta es si los esfuerzos de la comunidad internacional para hacer frente a la crisis se traducirán en una acción significativa, como se vio en la COP26. Territorio inexplorado Para evitar un cambio climático catastrófico, el aumento de la temperatura global debe mantenerse en un máximo de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, pero las probabilidades de un mayor calentamiento global en los próximos cinco años van en aumento. El emblemático informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima mundial, advirtió en abril que la temperatura media global ya había subido unos 1,2 °C, y un estudio de Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reveló en octubre que, si no se mejoran los compromisos de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, el mundo va camino de alcanzar los 2,7 °C este siglo. América Latina y el Caribe es una de las regiones del mundo más afectadas por el cambio climático y los fenómenos meteorológicos externos que están causando graves daños a la salud, la vida, la comida, el agua, la energía y el desarrollo socioeconómico de la región. La peor parte Paradójicamente, los países que más sufren esta crisis climática son precisamente los que han contribuido a ella en menor medida, una cuestión que reivindican enérgicamente los gobiernos y los activistas que consiguieron llevar a la mesa de debate el tema de la adaptación. El aumento de la capacidad de adaptación es un pilar fundamental del Acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático. Su objetivo es reducir la vulnerabilidad de los distintos países y comunidades al cambio climático, fortaleciendo significativamente los esfuerzos nacionales para adaptarse, incluso mediante el apoyo y la cooperación internacional. Sin embargo, el tiempo se agota para algunos, sobre todo para los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, que corren el riesgo de quedar sumergidos por la subida del nivel del mar y no cuentan con los recursos económicos necesarios para protegerse. Los combustibles fósiles siguen siendo un problema Si de verdad queremos frenar el aumento de la temperatura, se requiere también acelerar la transición mundial hacia formas de energía más limpias y acabar con el uso del carbón. No obstante, la mejora de los compromisos climáticos, los avances en este frente siguen siendo escasos. Según los planes actuales, los gobiernos seguirán produciendo energía a partir de fuentes de combustibles fósiles en cantidades que provocarán un incremento de la temperatura global. En los próximos 20 años, los gobiernos prevén un aumento de la producción mundial de petróleo y gas, y una modesta disminución de la producción de carbón. En conjunto, estos planes significan que la producción de combustibles fósiles crecerá en general, al menos hasta 2040. ¿Dónde está el dinero? Desde las energías renovables hasta el transporte eléctrico, pasando por la reforestación y los cambios en el estilo de vida, existen innumerables soluciones para combatir los efectos del cambio climático, que muchos consideran la amenaza existencial de nuestro tiempo. Sin embargo, todavía no está del todo claro cómo se costearán todas estas iniciativas. Hace más de una década, los países desarrollados se comprometieron a recaudar conjuntamente USD 100.000 millones al año para 2020, destinados a la acción climática en los países en desarrollo. Sin embargo, la cifra nunca se alcanzó. Pese a esto, el mundo empresarial parece empezar a darse cuenta de que las inversiones climáticas brindan beneficios económicos.