El café, símbolo de modernidad occidental, parecía el producto ideal para una sociedad que empezaba a abrirse al mundo. La fórmula era impecable: excelente sabor, precio competitivo, empaque atractivo. Todo lo que dicta el manual clásico del marketing, pero las ventas eran un desastre. También puedes leer: Selena Gómez se une a Oreo para lanzar una galleta con sabor a horchata El problema no era el producto; era cultural En Japón, el café simplemente no significaba nada. No evocaba recuerdos ni emociones. Era un sabor extranjero, sin historia ni raíces en la vida cotidiana. Y en una cultura donde los códigos simbólicos son fundamentales para adoptar nuevos hábitos, eso lo volvía invisible. El insight disruptivo Ante el fracaso, Nestlé decidió hacer algo radical. Contrató a Clotaire Rapaille, psicoanalista infantil y experto en códigos culturales. Su diagnóstico fue tan simple como profundo: "Los sabores que amamos en la adultez son aquellos que nos marcaron en la infancia". Los adultos japoneses no habían crecido con café, por lo tanto, no lo deseaban emocionalmente. Intentar convencerlos era como hablar en otro idioma. La estrategia: reprogramar el paladar desde la infancia Nestlé cambió su enfoque. En lugar de vender café a adultos, empezó a sembrar el gusto por el café en los niños. Llenó el mercado con productos infantiles que contenían café: caramelos, gelatinas, chocolates, postres y helados. No como bebidas estimulantes, sino como dulces placenteros. Años después, esos niños crecieron. Entraron al mundo laboral. Se enfrentaron a jornadas exigentes. Y cuando necesitaron energía, recurrieron al sabor que les era familiar y reconfortante: el del café.También te puede interesar: Cuando Salvador Dalí diseñó el logo de Chupa Chups y transformaron la cultura pop Una revolución silenciosa Desde los años 90, el consumo de café en Japón comenzó a crecer. Para 2023, el país se había convertido en el mayor importador de café del mundo, superando las 500.000 toneladas anuales. Nestlé, artífice de este cambio cultural, cosechó los frutos de una estrategia paciente y profundamente emocional.