El 89% de las empresas ya usa IA, pero solo el 37% reporta mejoras en su resultado operativo
La inteligencia artificial avanza hacia una adopción masiva en las empresas, aunque el retorno financiero todavía no acompaña al mismo ritmo. Un estudio global de McKinsey & Company muestra que la productividad mejora con fuerza, mientras apenas un grupo reducido de organizaciones logra transformar ese impacto en resultados superiores.
La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la operación cotidiana de la mayoría de las empresas. El 89% de las organizaciones encuestadas utiliza esta tecnología regularmente en al menos una función de negocio, según el estudio The state of AI in 2026: On the road to ROI, elaborado por McKinsey & Company.
El avance también se refleja en la escala de implementación. El 44% de las compañías señala que está desplegando IA a gran escala, frente al 38% registrado un año antes, mientras el 56% ya la utiliza en tres o más áreas de su negocio. Entre las grandes organizaciones, los agentes de IA —capaces de ejecutar tareas de principio a fin— están presentes en el 40% y los chatbots alcanzan una penetración del 64%.
Más inversión, pero también mayores costos
La expansión de estas herramientas está elevando las necesidades de infraestructura y procesamiento. El 20% de las empresas ya identifica los costos operativos relacionados con la IA como una limitación, especialmente en los sectores tecnológico y financiero.
Pese a ello, las organizaciones no prevén frenar su apuesta. El 60% espera incrementar su inversión en inteligencia artificial durante el próximo año y el 28% ya destina más del 10% de su presupuesto tecnológico a estas soluciones.
La productividad avanza más rápido que el retorno financiero
La principal brecha aparece al comparar los beneficios individuales con los resultados empresariales. El 80% de trabajadores y ejecutivos consultados reporta un incremento significativo de su productividad diaria gracias a la IA; el 50% considera que toma mejores decisiones y el 53% afirma haber desarrollado nuevas habilidades.
Ese impacto, sin embargo, todavía no se traduce de manera generalizada en los balances corporativos. Solo el 37% señala una contribución positiva de la IA al EBIT —resultado operativo— y apenas el 6% de las organizaciones forma parte del grupo denominado por McKinsey como AI High Performers, compañías que alcanzan resultados claramente superiores a partir de un uso avanzado de esta tecnología.
Estas empresas se diferencian por ir más allá de la automatización de tareas. Según el estudio, rediseñan procesos completos, vinculan la IA con objetivos de crecimiento e innovación y cuentan con un mayor compromiso de la alta dirección, además de estrategias para gestionar talento y riesgos.
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El impacto sobre el empleo sigue siendo limitado
Los cambios en las plantillas también han sido menores de lo anticipado. El 14% de las organizaciones reporta reducciones de personal directamente relacionadas con la IA, mientras dos tercios no registran modificaciones significativas. A su vez, solo el 13% de los trabajadores manifiesta una preocupación seria por el impacto de esta tecnología sobre su futuro laboral.
Aunque el estudio no presenta resultados específicos para Ecuador o América Latina, sus conclusiones plantean un desafío relevante para las empresas de la región: avanzar desde la adopción tecnológica hacia modelos capaces de convertir la IA en productividad, crecimiento y retorno financiero medible. (I)