La caída del empleo es el indicador más ácido cuando hablamos de la crisis que vive Latinoamérica tras el impacto del Covid-19. Mientras que casi el 50% de los hogares de Estados Unidos puede aguantar hasta seis meses, el porcentaje baja al 5,5% en Ecuador y Paraguay; al 7% en Argentina, Perú y Colombia; y al 14% en Brasil o Chile. “En caso de perder su principal fuente de ingresos, un 78% de los hogares, en promedio, no cubriría sus costes de vida durante tres meses”, advierte el el informe, que no toma en cuenta a Venezuela. El resultado, según los investigadores, permitirá “abordar medidas que ayuden a paliar el deterioro en el bienestar o la ampliación de la brecha de desigualdad”. El resultado de la investigación destaca la brecha enorme que la pandemia ha expuesto entre economías desarrolladas y en vías de desarrollo. Países como Estados Unidos, Canadá y los europeos tienen un alto grado de resiliencia financiera, es decir que casi cuatro de cada diez familias pueden aguantar más de medio año sin ingresos. Si el período se reduce a tres meses, la proporción promedio aumenta a cinco de diez. En España, por ejemplo, dos de cada tres hogares pueden hacer frente durante tres meses a un periodo de sequía de ingresos. La situación cambia dramáticamente en los países emergentes, sobre todo en América Latina. “Los datos del informe sugieren que existe una relación positiva entre vulnerabilidad financiera y desarrollo económico del país. En los países emergentes del estudio (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Rusia y Sudáfrica) poco más del 10% de las unidades familiares aguantan más de seis meses”. “Los niveles de resiliencia financiera antes las medidas de confinamientos derivadas de la pandemia son, por tanto, significativamente menores en estas economías”, advierte el informe. Además, en general, tras el desconfinamiento gradual que vive la región, una parte importante de los hogares no ha recuperado su nivel de ingresos previo a la pandemia. La investigación encontró factores que se repiten en los encargados de sostener los hogares más vulnerables, “como ser mujer, ser muy joven o de avanzada edad, tener un nivel de educación primaria, o estar en situación de desempleo o formar parte del colectivo de personas inactivas”. “Aunque estas relaciones se encuentran, a su vez, condicionadas por factores propios de cada sociedad”, advierten los investigadores. En todos los países de Latinoamérica se cumple que los hogares liderados por mujeres superan la media de vulnerabilidad financiera, sobre todo en Argentina, Brasil y Perú. Solo Paraguay escapa a la norma.