Cada 22 de mayo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una fecha que va mucho más allá de un recordatorio simbólico: es un llamado urgente a repensar nuestra relación con la naturaleza. En un planeta donde los avances tecnológicos parecen dominarlo todo, la realidad es contundente: seguimos dependiendo profundamente de la biodiversidad para sobrevivir. El agua que bebemos, los alimentos que consumimos, los medicamentos que nos curan, la ropa que usamos y la energía que mueve nuestras sociedades provienen, directa o indirectamente, de los ecosistemas que hoy están en riesgo, según Naciones Unidas. También te puede interesar: Innovación social que reduce la desnutrición infantil en Ecuador Los bosques, no solo albergan millones de especies, sino que también son aliados clave frente al cambio climático. Su destrucción, principalmente por la deforestación, acelera el calentamiento global y desestabiliza los ecosistemas. La sexta extinción masiva de especies La comunidad científica advierte que estamos atravesando la llamada sexta extinción masiva, un fenómeno sin precedentes en la historia moderna, impulsado no por causas naturales, sino por la actividad humana. Entre sus principales causas destacan: Destrucción y fragmentación de hábitats. Cambio climático. Contaminación. Sobreexplotación de especies. Introducción de especies invasoras. Según la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, cerca de un millón de especies están en riesgo de extinción y la tasa de desaparición es entre 100 y 1.000 veces mayor que la natural. ¿Qué es el Plan de Biodiversidad? Frente a este escenario, en 2022 se adoptó el Marco Mundial Kunming-Montreal, también conocido como el Plan de Biodiversidad. Este acuerdo establece 23 metas para 2030 y 4 objetivos globales para 2050, con un objetivo claro: detener y revertir la pérdida de la naturaleza en los próximos 25 años. Entre sus metas más relevantes destacan: Restaurar el 30% de los ecosistemas degradados. Reducir a la mitad el desperdicio de alimentos. Movilizar al menos USD 200.000 millones anuales para la biodiversidad.