La segunda generación ocurrió a finales de 2010, cuando los mineros comenzaron a utilizar GPU (unidades de procesamiento gráfico). Las GPU están diseñadas para realizar cálculos con mayor paralelismo (basados en tecnologías gráficas), que se pueden utilizar eficientemente para la minería de bitcoines. La tercera generación llegó a mediados 2011, cuando los mineros cambiaron a dispositivos FPGA (matrices de puertas lógicas programables en campo) y personalizaron el cómputo, lo que permitió aumentar la potencia de cálculo y su eficiencia. La cuarta generación apareció a principios de 2013 con la introducción de circuitos integrados dedicados para aplicaciones específicas (ASIC), que están optimizados para realizar cálculos criptográficos de la manera más eficiente posible. No obstante, lo que preocupa energéticamente no son las máquinas, sino el uso que se hace de ellas. Bitcoin y el cambio climático Es evidente que casi cualquier uso de internet en la actualidad (enviar un correo electrónico, desplazarse por las redes sociales, enviar dinero a través de su banco…) contribuye a las emisiones de carbono de CO₂ a la atmósfera. Sin embargo, bitcoin lo exacerba. ➤ Ver también: ¿Es bitcoin más perjudicial para el medio ambiente que la banca tradicional? El Centro de Energía Alternativa de la Universidad de Cambridge utiliza el llamado Índice de Consumo de Electricidad de Bitcóin (BECI) para calcular su consumo de energía. En el momento de redactar este artículo, el BECI está en 150 TWh. Las estimaciones máximas y mínimas varían mucho y actualmente son 516 TWh y 47 TWh, respectivamente. Según un informe de septiembre de 2020 del Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge, casi el 40% de la energía de la minería criptográfica es renovable. Es un buen porcentaje en comparación con otros agentes de consumo eléctrico, aunque eso no parece suficiente al calcular la huella de carbono real de bitcóin. Si utilizamos la estimación media del estudio del Cambridge Center, más de 90 TWh de Bitcoin se basan en energías no renovables. Por lo tanto, según la EPA, el consumo de electricidad proveniente de energías no renovables equivale aproximadamente al consumo de 10 millones de hogares durante el año. Las emisiones de carbono anuales de bitcóin son actualmente equivalentes a 7.000 millones de teléfonos inteligentes en carga, uno por habitante del planeta. Además, todos los centros de datos del mundo representan aproximadamente 200 TWh, según la Agencia Internacional de Energía (AIE). Es realmente duro pensar que la minería bitcóin pueda añadir ¾ de ese valor al cómputo. Los defensores de bitcoin se escudan en el gasto energético bancario tradicional, que no solo abarca sus tecnologías y las transacciones bancarias y de tarjetas, sino también el transporte del dinero, las oficinas, etc. El CEO de la empresa Securitize sugiere que el sistema bancario tradicional, incluyendo los cajeros automáticos, demanda aproximadamente 100 TWh por año. Aun así, estaría un tercio por detrás del consumo de bitcoin. Otra paradoja es que el sistema bancario tradicional está cerrando oficinas, despidiendo trabajadores y a la vez invirtiendo en banca electrónica. No es oro todo lo que reluce (y bitcoin tampoco) Si bitcoin se acercara a un nivel de adopción generalizada, la demanda de energía para las transacciones probablemente se dispararía tal como indican todas las proyecciones. La idea de que el uso de energía de bitcoin crecerá a medida que aumente su precio no es una mera suposición, ya que los datos también lo respaldan. Puesto que el consumo de energía de bitcoin crece a medida que aumenta su precio, se podría asumir que el problema desaparecería si el precio de bitcoin cayera, porque el incentivo financiero para “extraer” bitcoines se reduciría. No obstante, todas las estimaciones de energía y los supuestos subyacentes están sujetos a incertidumbre. En particular, la generación de los ordenadores, su fuente de energía eléctrica y operación de los dispositivos mineros plantean un desafío importante dado que la industria minera bitcoin opera en secreto. Por ejemplo, los mineros pueden cerrar y dar preferencia a ciertos dispositivos temporalmente, como respuesta a las variaciones en los precios de la electricidad y el mercado monetario. Es decir, cuando el coste de la electricidad excede los ingresos de la minería, tal como se ha visto durante pandemia del Covid-19, caen en prácticas similares del manejo del mercado monetario tradicional… pero esa es otra historia. Fuente: The Conversation