El impacto emocional hace referencia a todo aquel cambio a nivel conductual que surge debido a una experiencia intensa que amenaza nuestra seguridad. En este sentido, la pandemia significó y aún significa una amenaza para muchos niños y jóvenes. Por un lado, este grupo etario ha tenido que acarrear la pérdida de seres queridos, la preocupación por el contagio, la pérdida de trabajo de sus padres, y, sobre todo, la pérdida del contacto con sus amigos. En este contexto inició la educación virtual, es decir, en medio de experiencias que generaron emociones a las que se suele etiquetar como desagradables o negativas: el miedo, la tristeza y la ira, la frustración, etc., esto, sumado a que muchos niños tuvieron que enfrentar el aprendizaje con problemas de déficit de atención, de organización y planificación y poco autocontrol, sin mencionar la desigualad para el acceso a recursos tecnológicos. Tomando en cuenta que son alrededor de dos años en esta situación, la incertidumbre no hizo más que incrementar, junto con el aburrimiento, la desesperanza y la frustración. Esto da paso a emociones, que, al no ser gestionadas correctamente, pueden desencadenar trastornos como la ansiedad, la depresión, etc, y verse reflejados en cuadros de insomnio, irritabilidad, abandono de estudio e incluso intentos autolíticos. Posiblemente, los efectos reales de la educación virtual en el ámbito emocional se podrán medir a mediano y largo plazo. ¿Cómo enfrentar lo que viene después? En la medida que la presencialidad lo permita, es indispensable que las instituciones implementen programas de reconocimiento y manejo emocional; programas extracurriculares como actividades deportivas, actividades culturales y recreativas que les ayuden a afrontar las situaciones de estrés. Así mismo, es crucial dar formación sobre primeros auxilios psicológicos a los profesionales que tienen contacto con niños y adolescentes para sean capaces de reconocer situaciones de riesgo y actuar al identificarlas. A nivel gubernamental, será importante incorporar estrategias de comunicación constantes que permitan que la población se familiarice con los factores de riesgo y protección en salud mental; y de esta manera, se pierda el miedo o la vergüenza de hablar sobre esta problemática y se busque ayuda a tiempo. Se debe enfrentar el problema de limitar la escolaridad al aprendizaje de conocimientos, y no verla como un espacio de aprendizaje integral. La educación no se limita a una adquisición de conocimientos, cifras, fechas y datos. Es un proceso interactivo y social que permite el desarrollo de habilidades sociales e interpersonales que se aplicará toda la vida. Por _ Lorena Pastor: psicóloga y Directora de Bienestar Universitario de la Universidad Internacional SEK