El conversatorio contó con la presencia de la moderadora Alegría Crespo, Directora Maestría en Educación, Tecnología e Innovación de UISEK. La conferencia arrancó apoyada en cifras levantadas en Ecuador y que son relevantes al tema. Nicolás Reyes comenzó con datos de UNICEF señalando que se registran más de tres millones de niñas, niños y adolescentes dentro de la línea de pobreza multidimensional. 268 mil ya estaban por fuera del sistema educativo, antes de la pandemia. El 24% tiene desnutrición crónica y en cuanto a violencia, uno de cada tres han manifestado ser víctimas de este tipo de acciones. Ante esto, UNICEF, el Ministerio de Educación, UNESCO, entre otras instituciones levantaron encuestas que demostraron que el 19% de los niños dice sentirse angustiado, enojado un 15% y deprimido un 22%. Mientras que en las niñas el 24% señalaron estar deprimidas, 7% enojadas y la angustia ocupa un 23%, indicadores que se han visto incrementados a razón de la pandemia. Las desigualdades sociales fueron abordadas por parte de Diego Paz, quien remarcó que estas se han acentuado con la emergencia sanitaria global. En esa línea y en el marco de la salud y la prevención de la violencia, es improbable y poco deseable regresar al sistema educativo anterior. Por lo tanto es importante buscar un cambio en las estructuras y para lograrlo los sistemas educativos deben garantizar el presupuesto para el sostenimiento de la educación pública, que a su vez esté conectado con un sistema de salud óptimo. A continuación, la intervención de Carolina Miño se centró en la premisa de “La educación es inclusión”, reforzando la idea de que la una no puede existir sin la otra. En este sentido, la diversidad del alumnado es una fortaleza, que enriqueces. Por lo que es importante conocer cada caso. Más adelante, la dinámica intrafamiliar fue el tema abordado, y en este caso, se expuso los factores que pueden afectarla. Empezando por los distintos tipos de familias que existen en Ecuador. Según los expertos hay diversos tipos como: monoparentales, en situación de movilidad humana, transnacionales, entre otros, y estas fueron impactadas durante la pandemia de formas diversas. Por ejemplo, una encuesta de la Universidad Católica del Ecuador apunta que, en los estratos económicos bajos el 52,8% de los niños se ha sentido tristes, mientras que en los estratos económicos altos este valor alcanza el 32%. Por lo que las condiciones económicas, potenciadas por la crisis sanitaria, están marcando las preocupaciones de la familia y profundizado las desigualdades sociales. A esto se suma la violencia de género donde, en el país, seis de cada 10 mujeres han sido -y siguen siendo- violentadas en los distintos espacios de su vida. Como conclusiones se reforzó el concepto de que la familia no es la escuela, que cada una tiene una función distinta, las cuales deben seguir así. Y como punto positivo se reflexionó sobre la crisis actual, la cual puede ser una oportunidad, para que frente al encierro, las personas se auto evalúen desde su interior y a pesar de las necesidades, logren emerger apoyados en el trabajo interior, como familia, para a ser mejores seres humanos. Sin duda, esta pandemia debe ser el impulso perfecto para que la educación cambie, con un enfoque en el fortalecimiento emocional y psicológico. Finalmente, el panel dio a conocer que están a disposición varias herramientas, campañas y acciones, especializadas y adaptables a los distintos casos, dentro de la página web de la UNESCO, así como en el stand digital de la organización presente en EDU.COM.