Un país donde millones de personas han sido marginadas del sistema financiero durante décadas refleja la urgencia de abordar problemas sociales que limitan el acceso a oportunidades financieras, económicas y al progreso personal. Ante este panorama, la inclusión financiera se presenta como una herramienta clave para derribar estas barreras sociales. Según datos del Global Findex 2021, más del 36% de las personas mayores de 15 años en Ecuador carecen de una cuenta en el sistema financiero, siendo este déficit más pronunciado entre mujeres, jóvenes, personas de bajos ingresos, con educación primaria o inferior, y desempleadas. Para cambiar esta situación y con una mirada puesta en el horizonte del 2030, el Clúster Financiero del Ecuador aspira a convertirse en un actor fundamental en la articulación financiera y ser el referente regional de colaboración entre el sector público, privado y académico. Este objetivo se alinea con la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera 2023-2027, que busca llegar de manera más amigable a aquellos históricamente excluidos, con el fin de expandir los servicios financieros y adaptarse a las diversas necesidades de la población. Diego Utreras, Director Ejecutivo del Clúster Financiero del Ecuador, considera que esta capacitación debe venir desde temprana edad, “de esta manera podremos posicionar mejor a las futuras generaciones”, dice. Es así como el Clúster hace también un llamado a sembrar desde la base, educando a las generaciones venideras en el arte de la gestión financiera, con la firme convicción de que es la clave para alcanzar un desarrollo sostenible y una sociedad donde cada individuo tenga la oportunidad de alcanzar su máximo potencial, sin importar su origen o circunstancias. También te puede interesar: Oportunidades de negocio en la banca asociadas al desarrollo sostenible Por otro lado, la falta de conocimientos en la gestión de las finanzas personales puede tener graves repercusiones. Entre estas, se incluyen el sobreendeudamiento, la ausencia de ahorros para el retiro o emergencias, y la reducción de la calidad de vida familiar. En el ámbito empresarial, la mala gestión financiera puede resultar en la breve duración de negocios y emprendimientos. Tomar decisiones informadas y estratégicas en finanzas permite incrementar las inversiones y el crecimiento de proyectos en el mercado de valores, estimulando así el crecimiento económico y la creación de empleo. Para las mujeres, poseer un conocimiento básico de finanzas contribuye al desarrollo personal y a la independencia, reforzando su autoconfianza. Por ello, es crucial cerrar las brechas de género en el acceso a los servicios financieros y en la estabilidad económica. Un informe del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) reveló que, en Ecuador, Brasil, Colombia y Perú, un alto porcentaje de mujeres (79%) siente que sus ingresos son insuficientes para cubrir sus gastos mensuales y que no podrían sostenerse económicamente por más de tres meses sin empleo o fuente de financiamiento. La educación financiera es clave para superar las desigualdades sociales y económicas, especialmente entre mujeres, jóvenes y personas de bajos recursos. Impartirla desde la infancia es vital para asegurar una mejor calidad de vida y estabilidad económica futura. Además, empodera y aumenta la autoconfianza, impulsando el éxito de emprendimientos y el crecimiento económico inclusivo. “La educación financiera en el currículo nacional es una oportunidad para mejorar las condiciones y decisiones financieras de las personas”.