Detrás de esta transformación está Eduardo Berg Gutt, Gerente General, quien nació en Nueva York, creció en Colombia y encontró en Ecuador el país donde consolidar su vida personal y empresarial. Bajo su liderazgo, Danec pasó de ser una planta de refinación a un grupo diversificado de alimentos y productos industriales, con innovación y sostenibilidad como sellos distintivos. Lo entrevistamos en su despacho en Danec, ubicado al suroriente de Quito. Aunque ya suma más de cinco décadas viviendo en Ecuador —y pese a haber pasado su infancia en Colombia—, Eduardo Berg conserva un leve acento colombiano que aflora en cada anécdota y subraya su identidad binacional. Cuenta que es hijo de James Berg, un oficial norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, y de Martha Gutt, colombiana, Eduardo creció en Bogotá antes de continuar su formación en Canadá y Estados Unidos, donde se graduó como ingeniero industrial y obtuvo un MBA. En los años setenta, circunstancias familiares lo trajeron a Ecuador, impulsado por la visión de su tío y su primo, quienes identificaron el potencial del país para el cultivo de palma africana. Desde entonces, Berg se convirtió en pieza clave de la construcción industrial en el Valle de los Chillos, cuando apenas existían carreteras y servicios básicos. “Nos tocó enseñar a la gente lo que significaba la industria. Eran agricultores, muchos venían a caballo, pero aprendieron rápido y hoy esta zona es un polo industrial del país”, recuerda. Con cuatro hijos y doce nietos, Eduardo reconoce que el futuro de Danec ya lo asume la siguiente generación. “Mi hijo mayor está aprendiendo la parte agrícola y poco a poco irá tomando las riendas. Pero yo nunca dejaré de venir: esta empresa es mi vida y también un asunto familiar y sentimental”, afirma. Innovación como motor Danec fue pionera mundial en la fraccionación del aceite de palma, al separar su parte líquida de la sólida, un hito que transformó el mercado. También innovó en la venta de aceite en bolsas, un formato que revolucionó los mercados populares de Ecuador. Sin embargo, la mayor contribución de la empresa ha sido el desarrollo, junto a investigadores franceses, de una palma híbrida resistente al “cogollo”, una plaga que devastó miles de hectáreas en la región. “Este híbrido es un game changer a nivel mundial: es más productivo, tolerante y, además, clasificado de manera distinta por el Codex Alimentarius, lo que abre puertas en mercados donde la palma tradicional enfrenta restricciones”, explica Berg. También te puede interesar: Roberto Aguirre Román: “Mi mayor satisfacción es ver a NIRSA crecer con honestidad y visión” Diversificación estratégica Para Danec, la innovación siempre ha estado ligada a la diversificación. De un producto commodity como el aceite, la compañía evolucionó hacia un portafolio robusto que incluye margarinas, harinas, pastas, atún, sardinas, chocolates y hasta productos de higiene y mascotas. Su red de distribución llega semanalmente a más de 75.000 puntos en el país. “Depender de un solo producto es riesgoso. Diversificar nos da resiliencia. Queremos ofrecer lo que el consumidor necesita, no solo lo que nosotros deseamos vender”, sostiene el ejecutivo. La sostenibilidad es parte del ADN de la compañía Danec ha trabajado en la reforestación de zonas afectadas, mantiene 500 hectáreas de bosque protegido en el Oriente y financia proyectos inclusivos con comunidades ancestrales. También la empresa ha invertido en energías renovables, desde paneles solares hasta calderas de biomasa que generan electricidad a partir de residuos agrícolas. “Jamás hemos deforestado. Creemos en trabajar con la gente y para la gente. Hoy, en San Lorenzo (provincia de Esmeraldas) donde antes apenas habían tres afiliados al Seguro Social, existen más de 8 mil gracias a la industria de la palma. Hemos creado empleo, educación, salud y oportunidades en zonas fronterizas vulnerables”, resalta. Liderar con principios El liderazgo de Eduardo Berg se basa en una premisa: hacer lo correcto, no lo fácil. “En mi vida me enfrenté a 17 juicios constitucionales por no ceder a pagos indebidos. Ganamos todos, porque la verdad estaba de nuestro lado. Esa es la diferencia entre hacer lo bueno para la empresa y hacer lo correcto para la sociedad”, sentencia. Su estilo también se refleja en la apertura al diálogo. “Siempre escucho. Incluso de quienes critican se puede aprender algo. Además, hay que arriesgar: el que no se arriesga nunca gana. Nos hemos equivocado, sí, pero de cada error se aprende”, afirma. Una pasión más allá de la empresa El fútbol ha sido otra escuela. Fue dirigente del Deportivo Quito y es socio del Independiente del Valle. Guarda una escena que lo define: hace veinte años, en un partido Ecuador–Colombia al que asistió con amigos colombianos, gritó el gol de Ecuador sin dudar ante la mirada atónita de sus colegas. “Ya llevaba muchos años acá; este país me adoptó. Ese grito fue puro agradecimiento”. El deporte, dice, también construye futuro y disciplina. Hoy, Danec avanza hacia consolidarse como un grupo integral de alimentos y productos de consumo, con la sostenibilidad como eje transversal. La nueva generación ya empieza a involucrarse, pero el legado está claro: “Quiero dejar valores, ética y gratitud. Creer en la gente y en el Ecuador. Si uno ve lo positivo, las cosas funcionan mejor. Ese es el verdadero camino”, concluye. Por: Andrés Calvopiña Cervantes. Fotos: Vicente Costales