Con el tiempo los 256.370 kilómetros cuadrados que conforman Ecuador se convirtieron en tierra de prósperos chocolateros y no solo cacaoteros. Desde 1940, el chocolate de Guayaquil era famoso en los mercados de París. Cuando todavía era un aprendiz de pastelería, al francés René Elie le fue revelado ese secreto que se volvería el corazón de su negocio fundado en Quito en 1958, Cyrano. Danielle Elie, hija de René es fundadora de Corfú (1988) y propietaria de Cyrano. Su niñez fue como un sueño: panes, postres y chocolates por montones. Tenía dos dulces favoritos que fueron parte de su inventiva. “Era un pan de rosas que lo bañaba en chocolate y lo metía a la refrigeradora para que endurezca el chocolate y me comía eso”. Bajo su administración se calcula que tienen más de 200 productos a partir de chocolate. Los enumera casi de memoria: trufas, bombones rellenos, barras de chocolate, naranjas cubiertas de chocolate, muchísimas pastas, tortas, panes rellenos, helados con chocolate y “todos nuestros cafés se sirven con una trufa de chocolate”, describe esta empresaria. La producción en este negocio es tal que llegan a consumir 3.000 kilos de chocolate al mes. Eso ha hecho que, además de sus proveedores, integren una pequeña plantación de cacao en Esmeraldas para abastecerse. “La ventaja del cacao de Esmeraldas es que es muy frutal y que nuestro cacao, el de nuestro sector, no tiene cadmio, que es un mineral propio de tierras volcánicas”, explica Danielle sobre las bondades de esta tierra. Junto a Cyrano-Corfú que sacia los deseos más golosos de los ecuatorianos, se encuentra una pareja de esposos que trascendió fronteras y océanos con nuestro chocolate bajo el nombre de Paccari. Son Santiago Peralta y Carla Barbotó, quienes empezaron de forma atípica: conquistaron mercado internacional para luego tener presencia local. La idea que sostiene a las barras de Paccari, que llegan a 42 países, es la de “conectarnos con nuestra cultura y poder contarla a través de nuestros chocolates”, dice Carla sobre el sello nacional que tiene la cadena de valor que integra a la marca. Allí se cuenta la siembra, producción, diseño y empaque; todo parte de Ecuador. Esa estampa tricolor también la tienen las historias que inspiraron la primera línea de chocolates con sabor. Esa creación dio a conocer más ingredientes ecuatorianos adheridos a una barra de chocolate: sal, mortiño, hierbaluisa y ají. “Quisimos traducir esa emoción que teníamos de comer este pie de mortiño, en la barra de mortiño”, relata Carla Barbotó de cómo hicieron esta selección de combinaciones andinas. Lo que aún no está demostrado es que el chocolate es la base económica de más de un matrimonio. Bajo la garantía de trabajar con cacao fino de aroma orgánico nació la chocolatería Mindo Maya. La idea partió de una pareja de esposos: Margarita Ponce y Anderson Miranda; él se encarga de la elaboración de los ocho tipos de tabletas. En cuanto se les pregunta sobre qué significa el chocolate para ellos sonríen tímidamente: “Esto es amor y esperanza; buscábamos un negocio donde podamos estar juntos …sí se puede empezar desde abajo”, cuenta Margarita sobre cómo se abrieron camino para ofrecer un Tour de Chocolate que dura una hora con 25 minutos.En el país, además del Cacao Arriba -conocido como Cacao de Fino Aroma- está el Cacao CCN-51, una especie con modificación genética resistente a plagas. Este último es el que ocupa 400 hectáreas de la hacienda San José, de donde se saca el chocolate que lleva el mismo nombre. “La parte de aromas y sabor lo conseguimos en la fermentación”, explica Juan Touma, encargado de exportaciones de esta hacienda de la familia Marún - Rodríguez. María José Marún, encargada de marketing de la empresa, recuerda que empezaron a realizar chocolate para llevar a las ferias internacionales y demostrar que efectivamente siembran un gran cacao. Las tabletas gustaron tanto, que se volvió en un giro de negocio: nueve tipos de barras de 250 gramos, una dedicada para uso pastelero y una próxima barra repostera que será más económica.Texto: Catherine Yánez Lagos