Según datos del Green Building Council, las construcciones podrían reducir hasta un 30% de su consumo energético en las edificaciones sostenibles. En este contexto, el país debe analizar propuestas tangibles que generen valor real, es decir, cómo lograrlo sin incrementar la huella de carbono. Y la respuesta se encuentra en la infraestructura: materiales de alto desempeño que reduzcan el uso de energía, eviten residuos innecesarios y prolonguen la vida útil de las edificaciones. Aunque la digitalización es clave en ciudades inteligentes, la construcción ocupa un rol igual de estratégico: techos, cubiertas y envolventes mal aisladas pueden incrementar hasta un 50% la demanda de climatización en climas cálidos. Las ciudades inteligentes, por lo tanto, no se construyen sólo con sensores y datos, sino con infraestructura resiliente que modere temperaturas, reduzca consumos y evite la generación de desechos desde su origen. Tambièn te puede interesar: Frank Gehry: el genio que convirtió la arquitectura en arte Según un estudio elaborado por Saint-Gobain, el 75% de los costos totales de un edificio se generan durante su operación, y gran parte proviene del uso excesivo de energía por climatización deficientemente gestionada. Materiales resilientes, aislantes y con reflectividad certificada pueden reducir estos gastos y mejorar el rendimiento energético durante décadas. Por ello, la construcción sostenible se ha convertido en una de las piedras angulares de las ciudades inteligentes, alcanzado cuatro ejes fundamentales, entre ellos: reducir consumos energéticos, extender la vida útil de la infraestructura, minimizar la generación de residuos y aumentar el confort térmico y acústico. Saint-Gobain Imptek, con su visión integral, reafirma su compromiso con esta transición, impulsando una industria donde la innovación y la sostenibilidad son ejes transversales para construir ciudades más seguras, resilientes y eficientes, mediante productos como Imperpol Ultra Blanco y Frescasa.