En noviembre del año pasado nuestra portada de la edición 295 llevó este título, pero anclado a nivel mundial. Si analizamos puertas adentro la situación en Ecuador, es una realidad que tras años de lucha de las mujeres por visibilizar una cultura de discriminación predominante, se han conquistado derechos y espacios que antes simplemente eran inimaginables. Mientras algunos Gerentes con asombro todavía no entienden de dónde provienen esos espacios, otros tienen una auténtica consciencia que la equidad e interacción de hombres y mujeres en el cumplimiento de un objetivo, mejora la productividad de una compañía y van incorporando mayor equidad en la conformación de sus equipos de trabajo.Las destrezas de mujeres y hombres no solo son complementarios en muchas tareas de los espacios laborales, sino que juntos son potenciadores de la productividad y la creatividad, así las grandes empresas se caracterizan por balancear su nómina de trabajadores entre hombres y mujeres. Si bien la brecha se ha ido cerrando, persiste y la discriminación salarial, el acoso laboral, las oportunidades de ascender y de dirigir son todavía temas pendientes en los espacios laborales. La Neurociencia ha establecido las diferencias entre el cerebro femenino y masculino, ha demostrado a través de diversos estudios, que la creatividad, la innovación, el desarrollo y la implementación de ideas, se realiza de forma más fácil en equipos mixtos. Por eso, la lucha no radica en quitar espacios para un género o para otro. La lucha es más bien en igualdad de derechos y oportunidades, porque en un mundo en el que la especialización es cada vez más importante y prominente, aprovechar las fortalezas del cerebro femenino y masculino es vital para mejorar el desarrollo de una empresa y, por tanto, de un país. En el mundo, el liderazgo femenino tiene cada vez más espacio, somos testigos de grandes líderes empresariales y políticas en muchos países. Sin embargo, en Ecuador, como en la mayoría de las sociedades latinas, hace falta crear las condiciones y los espacios para que las mujeres, con el perfil de liderazgo y los méritos adecuados, alcancen las posiciones de CEO, abriendo un camino hacia un mundo en el que las diferencias entre hombres y mujeres multipliquen y no dividan la productividad de una empresa y de una nación.