Ecuador incrementará del 30% al 50% la tasa de seguridad aplicada a las importaciones provenientes de Colombia, según informó el Ministerio de Producción, Comercio Exterior e Inversiones en un comunicado emitido el 26 de febrero de 2026. La medida entrará en vigencia el 1 de marzo. El Gobierno señaló que la decisión responde a la “falta de implementación de medidas concretas y efectivas en materia de seguridad fronteriza por parte de Colombia”, por lo que el país adopta “acciones soberanas” bajo criterios de seguridad nacional. El objetivo, indicó la cartera de Estado, es fortalecer la corresponsabilidad bilateral frente a amenazas como el narcotráfico en la frontera. El ajuste ocurre en medio de una escalada comercial entre ambos países. Colombia impuso el 24 de febrero un arancel del 30% a 73 subpartidas ecuatorianas, en respuesta a la tasa del 30% que Ecuador estableció en enero de 2026 a las importaciones colombianas, argumentando falta de reciprocidad en el combate al narcotráfico. Te invitamos a leer: Arancel global de Estados Unidos sube el costo de entrada para exportaciones ecuatorianas Impacto económico El incremento arancelario podría generar efectos en la economía real. El analista Alberto Acosta Burneo advirtió que estas medidas no resuelven los problemas estructurales de seguridad y, en cambio, elevan los costos para las empresas, presionan los precios al consumidor y distorsionan el comercio bilateral. También señaló que el endurecimiento de barreras puede incentivar la informalidad y afectar la competitividad. Según Fedexpor, el arancel colombiano impacta exportaciones ecuatorianas por USD 5,25 millones semanales, equivalente al 32% del valor enviado a ese mercado. Los sectores más afectados son el agrícola y agroindustrial, que concentran el 59% del total, seguidos por el manufacturero con el 39%. Entre los productos expuestos figuran aceite de palma, arroz, tubos de acero, papel corrugado y neumáticos. En 2025, Ecuador exportó USD 886 millones a Colombia, uno de sus principales socios comerciales regionales, lo que anticipa efectos relevantes sobre el comercio bilateral, las cadenas productivas y los costos empresariales si la tensión se prolonga.