En sudamérica solo superamos a Venezuela. Mientras nuestros vecinos construyen ecosistemas tecnológicos vibrantes, nosotros ni siquiera reportamos datos de inversión en investigación y desarrollo. Esta no es una estadística más; es el diagnóstico de un país que ha elegido la mediocridad mientras el mundo avanza hacia la economía del conocimiento. Chile, en el puesto 51, nos supera por 62 posiciones. Brasil (52) desarrolla clústeres tecnológicos de clase mundial. Colombia (71) y Perú (80) nos aventajan significativamente. Pero lo más alarmante no es la posición, sino lo que representa: empleos de calidad que no creamos, jóvenes talentosos que emigran, empresas tecnológicas que nunca nacen o se posicionan en otros mercados. Mientras discutimos sobre política partidista, países con menos recursos naturales que Ecuador construyen ventajas competitivas sostenibles. Vietnam, devastado por la guerra hace 30 años, hoy ocupa el puesto 44. Ruanda, sin petróleo ni acceso al mar, está 9 posiciones por encima de nosotros. El informe expone nuestras debilidades estructurales: ambiente de negocios en el puesto 125, desarrollo de clústeres tecnológicos en el 123, estado de derecho en el 118. No invertimos en investigación o, peor aún, ni siquiera medimos cuánto invertimos. Sin datos no hay gestión; sin gestión no hay mejora. Nuestro sistema educativo no prepara para la economía digital. Mientras debatimos temas secundarios, Singapur enseña programación desde primaria. También te puede interesar: El futuro de la gestión documental Ecuador tiene potencial real pero inexplotado. Ocupamos el puesto 25 mundial en servicios gubernamentales digitales, demostrando capacidad cuando existe voluntad política. Nuestra biodiversidad es única para desarrollar bioeconomía. La fortaleza del dólar favorece la prestación de servicios digitales regionales. Necesitamos decisiones concretas: crear un sistema nacional de medición de innovación, simplificar radicalmente el ambiente de negocios, implementar educación STEM desde primaria, y especializarnos inteligentemente en nichos donde podamos competir globalmente. Estonia y Corea del Sur demostraron que la transformación es posible con visión estratégica sostenida. El Índice Global de Innovación 2025 no es solo un ranking; es un ultimátum. Podemos seguir consolándonos con discursos sobre nuestro "potencial" o reconocer que estamos fracasando y actuar decididamente. La economía global no espera rezagados. La inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo las reglas del juego. Los países que no innovan no solo se quedan atrás; desaparecen de la conversación global. Ecuador tiene una ventana de oportunidad que se cierra rápidamente. La pregunta no es si podemos cambiar, sino si tenemos el coraje de abandonar la mediocridad y transformar nuestras ideas en prosperidad. Por: Byron Robayo CEO y Fundador Spingarn Este artículo fue publicado en alianza con: