Ecuador apuesta por fortalecer capacidades para escalar las finanzas sostenibles
El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsó en Ecuador la Academia de Finanzas para el Desarrollo como parte de su estrategia para fortalecer el sistema financiero y movilizar inversión alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
En entrevista, Cristina Burgos, Oficial de Desarrollo Económico del PNUD en Ecuador, y Diego Pereira, Experto regional en finanzas sostenibles e inversión de impacto del PNUD, explicaron que el punto de partida es claro: “Para gestionar desarrollo se necesita financiamiento”.

La magnitud del desafío
Cristina recordó que, según estimaciones de Naciones Unidas, se requieren USD 4,2 billones anuales para financiar los ODS a nivel global. En América Latina, señaló, existe una brecha de infraestructura en logística, digitalización, energía renovable, hospitales, escuelas y transporte. Atraer capital es necesario para impulsar competitividad y crecimiento, pero con una condición: “No podemos seguir teniendo un modelo de desarrollo con detrimento a los ecosistemas natuarles. Debemos impulsar un modelo de desarrollo que considere la inclusión, la sostenibilidad y la resiliencia”.
Integrar sostenibilidad en banca, mercados de capitales y aseguradoras implica cambios técnicos y de coordinación. Por eso, explicó, la Academia busca fortalecer capacidades tanto en el sector público como en el privado.
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Antes que instrumentos, prioridades
Consultado sobre bonos temáticos o blended finance, Diego Pereira evitó identificar sectores específicos y optó por invitar a una reflexión metodológica a modo de pregunta: ¿Qué implica el desarrollo sostenible para Ecuador? ¿Qué ventajas comparativas tiene para ofrecer?.
El experto mencionó que, por ejemplo, estrategias de bioeconomía son “claramente muy aplicables” y que Ecuador puede consolidar una marca asociada a bienes naturales de calidad, con atributos orgánicos y vínculos con pymes y desarrollo local. El desafío, dijo, es estructurar proyectos y encontrar correspondencia con lo que demandan los mercados internacionales.
Una región con potencial, pero con brechas
Diego indicó que América Latina concentra cerca del 6% del mercado mundial de finanzas sostenibles, pese a representar entre 11% y 14% del PIB global. Atribuyó esa diferencia a la percepción de riesgo que limita la llegada de grandes inversionistas internacionales. Buena parte de la inversión en la región proviene de actores locales.
Señaló además una paradoja: “cerca de 35% de la deuda emitida en América Latina se clasifica como verde, social o sostenible, aunque la mayoría es soberana”. El desarrollo en el ámbito corporativo es más limitado y requiere marcos regulatorios, reglas claras y proyectos estructurados.
Capacidades y gobernanza
En Ecuador, la banca cuenta con productos financieros verdes desde hace cinco años, explicó Cristina. “Sin embargo, hasta julio de 2025 estos representaban 3,8% de la colocación total. Aseguradoras y bolsas de valores están en una etapa inicial; el trabajo más sistemático comenzó hace un año o año y medio”.
La Academia, explicaron los expertos, busca instalar capacidades y metodologías concretas para incorporar sostenibilidad en modelos de negocio, comités de inversión y decisiones financieras. También apunta a fortalecer la articulación multiactor, incluyendo sector público, privado, multilaterales y sociedad.
“El mundo que viene es público y privado. Las necesidades de financiamiento para el desarrollo no se pueden abarcar solo con políticas públicas y el presupuesto público”, afirmó Diego. A su juicio, el rol del Estado es generar marcos regulatorios y condiciones que permitan alinear riesgo y rentabilidad, habilitando la inversión privada en proyectos de transformación productiva y energética. Sin coordinación, gobernanza clara y un pipeline desarrollado, ambos actores coincidieron que será difícil escalar el financiamiento sostenible que Ecuador y la región requieren.
