El número de personas desplazadas por la guerra, la violencia y la persecución en todo el mundo se redujo por primera vez en una década, aunque sigue alcanzando niveles inaceptablemente altos, según el Informe Anual sobre Tendencias Globales de Desplazamiento publicado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. A pesar de esta reducción global, el desplazamiento forzado en las Américas aumentó hasta alcanzar los 22,8 millones de personas (ante una cifra global de 117,8 millones), impulsado principalmente por las situaciones de Haití, Nicaragua, el norte de Centroamérica, Colombia y Venezuela. Las Américas se sitúan ahora como la principal región del mundo en las cifras de desplazamiento forzado, seguida por África oriental y meridional, Oriente Medio y el norte de África. En 2025, 5,4 millones de personas huyeron de la violencia y la persecución hacia otros países, mientras 14,7 millones de personas refugiadas y desplazadas internos regresaron a sus lugares o países de origen, con movimientos significativos hacia Afganistán, Sudán y Siria. Sin embargo, muchos de ellos se produjeron bajo presión y en condiciones precarias. En conjunto, el número de refugiados en el mundo se redujo un 3% hasta alcanzar los 41,6 millones de personas, y cerca de 46.000 personas apátridas obtuvieron la ciudadanía en 24 países. Aun así, el desplazamiento sigue estando profundamente arraigado. Siete de cada diez personas refugiadas siguen viviendo en un exilio prolongado, a menudo por debajo del umbral de la pobreza. También puedes leer: El Oro: la provincia que transforma su tradición minera en café de especialidad Una mirada al desplazamiento en Ecuador Las cifras en Ecuador van en línea con el comportamiento del desplazamiento en la región. Según el informe Tendencias Nacionales, elaborado por ACNUR Ecuador, el número histórico de personas reconocidas como refugiadas aumentó a 81.673 -un incremento del 2% versus el año pasado. De ellos, el 93% son de nacionalidad colombiana, reflejando el incremento de la violencia en el vecino país que continúa obligando a las personas a cruzar la frontera para buscar protección en Ecuador. Por otro lado, el informe resalta que, en 2025, el saldo migratorio de personas venezolanas fue positivo. En 2025, se estima que hubo 237.509 entradas y 215.764 salidas irregulares de personas venezolanas, dejando un saldo positivo anual de 21.745 personas en el país aproximadamente. Ello indica que, aunque Ecuador sigue formando parte de rutas regionales, muchas personas continúan asentándose en el país, reafirmando su papel tanto de territorio de tránsito como de acogida para solicitantes de asilo y otros perfiles. En paralelo, aunque existen señales de interés en el retorno de personas venezolanas a su país de origen, estas se mantienen acotadas en el corto y mediano plazo. Según la encuesta realizada por ACNUR en abril de 2026, solo el 11% de las personas encuestadas afirmó que podría volver a Venezuela en los próximos 12 meses, mientras que el 9% afirmó haber considerado la posibilidad de retornar, pero decidió no hacerlo. A pesar de que las personas siguen llegando a Ecuador en búsqueda de protección, el informe advierte que el sistema de asilo enfrenta importantes limitaciones. En 2025, las solicitudes de refugio se redujeron en un 33%, mientras que los reconocimientos de la condición de refugiado cayeron en 21% frente a los datos de 2024. Sin embargo, esta disminución no responde a una menor necesidad de protección, sino a una reducción en la capacidad del sistema a raíz de reducciones presupuestarios. Este constante desplazamiento hacia Ecuador se da en medio de un contexto de violencia -que motivó a Ecuador a declarar un conflicto armado interno- ,que genera riesgos para la población local y las personas que llegan buscando protección. Estos riesgos, que incluyen la extorsión, las amenazas, el reclutamiento de niños y niñas, y la violencia física, entre otros, provoca desplazamientos internos, y afectaciones críticas a la salud mental y en la economía de las personas. La Defensoría del Pueblo estima que 315.000 personas ecuatorianas se desplazaron internamente entre 2022 y 2024. Además, ACNUR tiene un registro de más de 122,060 personas ecuatorianas solicitantes de asilo en otros países a mediados de 2025: entre 2021 y 2025, los reconocimientos de refugiados ecuatorianos pasaron de 1.825 a 5.723 (+214%), mientras que las solicitudes de asilo incrementaron de 27.286 a 122.060 (+347%), “Por ello, hoy más que nunca es fundamental abordar el desplazamiento de manera integral. No se trata únicamente de brindar asistencia a quienes llegan, responder a emergencias o atender el desplazamiento interno” “Implica fortalecer a las comunidades, prevenir la violencia, cuidar a la niñez, generar más oportunidades económicas y reconstruir la confianza que permite a las personas vivir sin temor, independientemente de su origen", dijo Federico Agusti, representante de ACNUR en Ecuador. En este contexto, la población desplazada por la fuerza continúa representando un importante potencial para el desarrollo del país: una integración laboral más efectiva podría incrementar el PIB entre 2% y 3,5% hacia 2030 (FMI, 2022), aprovechando el capital humano y las capacidades aún subutilizadas. Te puede interesar: Japón desarrolla un plástico biodegradable que podría revolucionar la lucha contra la contaminación Movimientos de personas en las Américas El estudio regional de ACNUR afirma que el desplazamiento forzado en las Américas continúa en aumento, impulsado por la violencia, la inestabilidad política y las crisis económicas en varios países de la región. Con más de 22 millones de personas desplazadas o en necesidad de protección internacional, el continente se consolida como una de las principales regiones del mundo en términos de movilidad forzada. En este contexto, el informe destaca que, pese a la magnitud del fenómeno, los países de América Latina y el Caribe están respondiendo con un notable nivel de solidaridad. Gobiernos y comunidades siguen implementando políticas que facilitan el acceso al asilo, promueven la regularización y fomentan la integración socioeconómica de las personas refugiadas y desplazadas. Estas medidas han permitido que millones accedan a derechos, servicios y oportunidades en sus países de acogida. A pesar de esto, los desafíos persisten. Una gran proporción de las personas refugiadas continúa en situaciones de desplazamiento prolongado, muchas veces en condiciones precarias, y las capacidades de respuesta de los países están bajo presión debido a limitaciones de recursos. La necesidad de fortalecer los sistemas de asilo, ampliar las vías legales y garantizar una inclusión sostenible sigue siendo importante. “En las Américas, la solidaridad y la responsabilidad compartida no son conceptos abstractos: aportan resultados reales para las personas y la sociedad”, afirmó Juan Carlos Murillo, oficial a cargo para las Américas de ACNUR. “Desde Brasil hasta México, desde Perú hasta Ecuador, desde Canadá hasta Colombia y más allá, los países de la región están demostrando que, cuando se incluye a las personas refugiadas, éstas contribuyen, las economías crecen y las comunidades se fortalecen. Estas son soluciones reales”. Finalmente, el reporte concluye que es necesario reforzar la cooperación regional e internacional, subrayando que la respuesta al desplazamiento debe ser compartida. El organismo enfatiza que, con políticas inclusivas, financiamiento adecuado y coordinación entre países, es posible avanzar hacia soluciones duraderas y transformar el desplazamiento en una oportunidad tanto para las personas afectadas como para las comunidades de acogida.