Además, las ciudades más prósperas serán las que logren concentrar un mayor número de personas pertenecientes a la denominada clase creativa. La economía creativa es muy interesante en términos de empleo, inclusión, cohesión social y desarrollo de talento, como señalan múltiples informes de las Naciones Unidas, la Comisión Europea o el Banco Interamericano de Desarrollo. El objetivo de los países es crear las condiciones más favorables para desarrollar y atraer el mayor talento posible capaz de generar empresas, productos y servicios creativos. ➤ Ver también: Emprendimiento e innovación: claves para reactivar la economía en 2021 Esto ya lo están haciendo, desde hace años, muchos países en donde la economía creativa está siendo impulsada y liderada por diversas áreas de gobierno: en Alemania el Ministerio Federal de Asuntos Económicos, en Finlandia el Ministerio de Economía y Empleo, en Colombia con la implicación de la Presidencia del Gobierno, por poner algunos ejemplos. Cuando nos referimos a economía creativa hablamos, según UNESCO, de 30 millones de empleos en el mundo entre los jóvenes, el mayor porcentaje de paridad (cerca del 50% del empleo es femenino) y mayor nivel de estudios entre sus trabajadores. A nivel mundial la economía creativa, si fuera un país, sería la cuarta economía del mundo. Esta economía ha aportado el 11,7 % al PIB al Reino Unido, en 2019 el turismo aportaba en España el 12,4 % del PIB. En Alemania la economía creativa aporta EUR 102 mil millones y tiene más peso que la industria química y los servicios financieros. Las empresas más innovadoras del mundo están en los lugares con mayor concentración de creatividad. No es casual que en California sean igual de importantes la economía digital (Silicon Valley) y la economía creativa (Hollywood) porque ambas se necesitan mutuamente. Ocurre lo mismo en Londres, París, Berlín, Seúl, Buenos Aires o Tel Aviv. Perder este tren de la economía creativa implica que nuestras empresas serán menos competitivas, porque dependerán de modelos de negocio, propiedad intelectual y patentes desarrolladas en otros países. Perderemos mucho talento que se irá a las ciudades en la que exista un ecosistema creativo más propicio. Nuestras empresas y responsables políticos no son conscientes de que no formar parte de la locomotora de esta economía, implica mucho para el bienestar de nuestra sociedad y el legado que dejamos a la juventud, con unos niveles de desempleo inadmisibles. Fuente: El Economista