Este encuentro, que se enfocó en la economía circular, estuvo moderado por Yessica Benavides, directora de Comunicación y Sostenibilidad de la Fundación Circular by Ichthion. Paúl Paredes, miembro del directorio del CEES “El crecimiento económico y la conservación ambiental no son compatibles a largo plazo”. Con esta reflexión inició su charla el primer panelista, quien desde su rol como constructor, aseguró que si se destruye la naturaleza, se destruye la base de la economía. Resaltó la importancia de fusionar la teoría y la práctica. “Es para eso que estamos reunidos hoy”. Por eso, insistió que el sistema lineal de extraer, producir y desechar materias primas ya no es viable. Debemos encontrar la forma de consumir menos y, a la vez, prolongar el período de vida de los materiales y asegurar un proceso de construcción sostenible. “La naturaleza no puede mantener su rol pasivo”. Paúl estableció que la actividad de la construcción requiere el 40% de materias primas a nivel mundial y por cada metro cuadrado de construcción, se genera un metro cúbico de escombros. Muchos de ellos quedan en quebradas, esteros, contaminando diferentes ecosistemas. Ahí el rol protagonista del Concejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable. “En este punto, la economía circular es fundamental en el proceso constructivo”. Desde el CEES, se trabaja con miras en el ODS 11, el cual se centra en ciudades y comunidades sostenibles. “Trabajamos en generar alianzas con la Cámara de la Industria de la Construcción para abordar el mayor número de Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro del sector”. Un ejemplo de ello ha sido el desarrollo de un consejo consultivo en el que participan varios actores que tratan temas económicos financieros, ambientales y sociales. Estas iniciativas se articulan con la política pública para que permitan implementar conceptos de economía circular y lograr regenerar sistemas vivos. Damián Baeza, gerente general de Procarsa “No está demás decirlo una vez más: la sociedad debe cambiar sus hábitos de producción y consumo”, alertó Damian, CEO de Procarsa. Al ritmo que se vive actualmente, no hay planeta que lo soporte, agregó. Esta realidad ha llevado al sector productivo a entender que los recursos naturales son finitos y, por tanto, a comprender que están inmersos en un modelo caduco, explicó. “En la industria en la que nosotros nos movemos, que es el de la industria de papel y cartón, se utilizan recursos forestales, agua, energía y más. Indudablemente, para que la compañía sea sostenible en el tiempo, ha sido necesario cambiar la estrategia y la cultura organizacional”, indicó. Todo partió, explicó, de la conducta y las acciones que se realizan dentro de la organización para alinearse. Así, Grupo Surpapel, que está compuesto por diferentes empresas, se propuso formar parte de un encadenamiento productivo circular. Repapers, por ejemplo, se encarga del acopio, clasificación y logística inversa del cartón reciclado de Ecuador, equivalente a un estadio de fútbol de 40 metros de altura. De esta manera, la compañía evita que estos desechos vayan a rellenos sanitarios. Asimismo, dentro de la cadena de reciclaje, existen más de dos mil familias que aportan a esta labor, lo que apunta a generar inclusión social y laboral. El papel reciclado entra a formar parte de Surpapel, cuyo eje de negocio es el embalaje. Durante su procesamiento, se consume hasta seis veces menos agua y se reutiliza el 50% de este recurso gracias a plantas de tratamiento, explicó. Además, en el proceso se impide que el CO2, que está en la fibra celulosa del papel, se escape al ambiente. Finalizó diciendo “todavía queda mucho por hacer desde el punto de vista de la tecnología y la innovación, pero seguimos explorando cómo reutilzar recursos e incluso los desechos”. Germán Antonio Gómez, gerente de Producción de CRDS, Canadá Hay números que llaman la atención y uno de ellos es que estamos consumiendo los recursos de 1,7 planetas, dijo sorprendido Germán. La economía circular, añadió, sólo representa un 8,6%. A esto se suma que la población se duplicó desde 1970 y el consumo de materiales se ha cuadruplicado. “Queda un largo camino por recorrer”, aseguró. Para cumplir con el Acuerdo de París, el tiempo es corto, ya que quedan apenas ocho años para cumplir las metas. En el ámbito de la construcción falta levantar edificios carbono zero, precisó. Pero, ni hablar en la industria del plástico, ya que sólo el 9,6% de este material se recicla y el 79% se acumula. “Con esto en mente, debemos buscar soluciones”, expresó. “El primer paso es identificar los materiales más contaminantes y determinar cómo lograr recuperar su ciclo de vida”, explicó. El plástico, sin duda, es la gran amenaza. Para 2050, se proyecta que habrá más plásticos que peces en los océanos. Tomando como referencia su experiencia, Germán puso como ejemplo un caso de éxito en Costa Rica, el cual se hizo realidad a través de la sinergia de algunas industrias y el desarrolló soluciones altamente efectivas para el planeta. “Se calcula que la producción de plástico es de 320 millones de toneladas al año, de los cuales 220 millones son residuos. Si lograramos utilizar estos desechos en un agregado para la construcción, solo necesitaríamos sustituirlo el 2%”, expuso. Una muestra del trabajo en conjunto entre dos grandes sectores. “Así desarrollamos un agregado, que es la continuación del ciclo de vida de otros elementos, compuesto en un 80% de plástico y un 20% de mineral”. La solución se basa en convertir el plástico en una arena artificial que se añade a cualquier elemento de construcción que contenga cemento o asfalto. Simula una piedra volcánica, teniendo alta porosidad y siendo aplicable en cualquier tipo de obra.