El 9 de enero de 2000, tras un periodo de marcada inestabilidad política y económica, resultado de los shocks en la economía que representaron la guerra del Cenepa, el fenómeno de El Niño entre 1997 y 1998, y la baja del precio del petróleo (USD 9 / barril), que se transmitió del sector real al sistema financiero, que no contaba con los niveles adecuados de liquidez y solvencia por falta de regulación adecuada, llegó la dolarización. Esta política monetaria de fuerte ajuste a lo largo del tiempo ha traído estabilidad y crecimiento en el país, a tal punto que cerca del 90% de la población la respalda y es considerada como un pilar en la economía actual. La dolarización ha traído, sin duda, estabilidad monetaria al país, si bien representa el perder la posibilidad de emisión monetaria, esta limitante obliga a la disciplina fiscal y de evitar recurrir al denominado “impuesto inflacionario”, que comprende la pérdida de ingreso real de la población, al tener menos poder de compra frente al aumento de precios producto de la inflación que genera la emisión de nueva moneda. Este factor, justamente, es uno de los principales beneficios de la dolarización, que ha permitido que la población no pierda su ingreso real al mantenerse una estabilidad de precios. Es así que en el periodo anterior a la dolarización la inflación anual promedio entre 1980 y 1998 fue de 36,4%, en tanto que de 2001 a 2019 apenas de 4,5%, es decir 8 veces menor, según cifras presentadas por el Banco Central del Ecuador. Al brindar un escenario de estabilidad facilita la planificación financiera del sector privado y de los hogares, así como del acceso a crédito, de tal forma que la cartera de crédito del sector financiero privado pasó de 19,5% en 2001 a 46% en 2021, así como de generar u obtener ingresos en una moneda fuerte que ha facilitado y beneficiado la compra de insumos y productos desde el exterior. Si bien la dolarización implica perder unos de los principales instrumentos de política monetaria, esta no se pierde al poder seguir estimulando la economía y velando crucialmente por la sostenibilidad de este esquema monetario a través de restringir o expandir la cantidad de dólares que circulan en la economía mediante instrumentos como los de política de tasas de interés, encaje bancario, bonos de banca central, compra de oro no monetario y su refinación. Por lo que no pierde la capacidad de implementar política monetaria, pero sí limita la magnitud de intervención y distorsión en la economía y sobre el ingreso familiar a los que puede conducir el “riesgo moral” de abusar de la emisión por parte de los tomadores de decisión. Por lo que en países con problemas de institucionalidad, estabilidad y falta de disciplina fiscal son mayores los beneficios a sus costos en la economía. Si bien la dolarización evitó que la moneda se siga depreciando, el sucre en una semana previa a esta decisión pasó de 4.000 a 19.000 sucres por dólar, shocks externos fuera del control del país, como la emisión de dólares en EE.UU. y la cantidad de dólares que circula a nivel mundial, y el apetito del mercado por dólares como activo refugio, afectan a su valoración frente a otras monedas lo que incide en ganar o perder competitividad por tipo de cambio. Esta medida de shock a su vez promovió la recuperación de la confianza en la economía del país, por lo que la estabilidad que promueve, atrae inversión y el desarrollo de negocios en el país.Además, los problemas estructurales de la economía se vuelven más evidentes, al transparentarse de mejor manera el déficit fiscal y la forma de financiarlo.Texto: Juan Carlos Zabala A. Gerente Ekos Research Ekos