El panorama actual del comercio exterior evidencia que las pequeñas y medianas empresas (PYMES) representan más del 90 % del tejido productivo ecuatoriano, particularmente en sectores como manufactura, agroindustria, textil, alimentos, bebidas y servicios no extractivos. Estas unidades productivas lideran la actividad económica local y constituyen un eje fundamental con potencial exportador. No obstante, su inserción plena en los mercados internacionales aún no se ha consolidado. En un contexto donde la mayoría de las pymes se desenvuelven fuera del ámbito petrolero y minero, cabe destacar que en 2024 las exportaciones no petroleras y no mineras del Ecuador alcanzaron un récord histórico de USD 21.745 millones, reflejando un crecimiento del 16% frente a 2023. Este desempeño se tradujo en un superávit comercial de USD 6.678 millones, el más alto registrado desde la dolarización. Si bien los productos tradicionales —como camarón, banano, cacao, flores y pesca— continúan siendo los principales generadores de divisas, rubros como los agroindustriales, manufacturas ligeras y productos químicos han mostrado un dinamismo creciente, aportando a la diversificación de la oferta exportable. Durante el primer trimestre de 2025, estas exportaciones registraron un incremento interanual del 26,8 % en valor, con protagonismo de productos como pescado, cacao procesado, flores y manufacturas. Este avance no solo se explica por la evolución positiva de la demanda internacional, sino también por una mayor participación de medianos y pequeños exportadores, que están accediendo a mercados de nicho, particularmente en Asia y Europa, donde la preferencia por productos sostenibles, diferenciados y de alto valor agregado es creciente. Sin embargo, persisten desafíos estructurales que limitan el despegue exportador de las pymes: restricciones en el acceso a financiamiento competitivo, escasa transformación digital, barreras técnicas asociadas a certificaciones internacionales, costos logísticos elevados y una débil articulación entre los actores del ecosistema exportador y la política pública. Adicionalmente, las pymes deben adaptar sus estrategias comerciales y logísticas a las nuevas dinámicas del comercio internacional. Es imperativo que logren mantener sus mercados actuales, al tiempo que exploran nuevas oportunidades, ajustándose a las tendencias de demanda, estándares de sostenibilidad y condiciones de acceso preferencial. También te puede interesar: Bienestar Ejecutivo: La nueva clave del liderazgo sostenible A pesar de estas limitaciones, se observan señales alentadoras. Un número creciente de pymes está explorando nuevos destinos, incorporando prácticas sostenibles en sus procesos productivos, y apostando por la calidad, innovación y valor agregado. El interés por alcanzar estándares internacionales se ha intensificado, impulsado tanto por la exigencia de los consumidores globales como por el acceso a programas de fomento y cooperación internacional. Consolidar una inserción internacional más robusta requiere una estrategia país integral, que sitúe a las pymes como protagonistas de la política de comercio exterior. La promoción comercial inteligente, el fortalecimiento de capacidades técnicas, el acceso a inteligencia de mercados, y la articulación público-privada son componentes fundamentales. Asimismo, es clave considerar a las pymes en los procesos de negociación de acuerdos comerciales, garantizando su inclusión y aprovechamiento efectivo de los beneficios. Desde CORPEI, reafirmamos nuestra convicción de que las pymes desempeñan un papel estratégico en la diversificación productiva del país y en la transición hacia un modelo económico más sostenible, resiliente e inclusivo. Es momento de seguir removiendo obstáculos, potenciar sus capacidades y darles el espacio que merecen en la agenda exportadora del Ecuador. Más del 90 % del tejido productivo ecuatoriano está conformado por PYMES, con alto potencial exportador en sectores no extractivos. Por: Eduardo Egas – Presidente Ejecutivo de CORPEI