La diabetes es una enfermedad crónica que avanza de forma silenciosa y afecta cada vez a más personas en Ecuador y el mundo. Según la última Encuesta Nacional de Salud (ENSANUT), en el país la prevalencia en adultos alcanza el 7,4%, con mayor incidencia entre los 50 y 59 años. La diabetes tipo 2 (DM2) es la más común y está estrechamente ligada a factores de riesgo como la obesidad, el sedentarismo, la mala alimentación y la predisposición genética. La Dra. Alba González Guevara, médico internista, diabetóloga y Jefe de la Clínica de Diabetes del Hospital Vozandes Quito, explica que “la diabetes es silenciosa en su fase temprana y muchas veces se diagnostica de manera accidental en chequeos de rutina. Por eso, la educación y la prevención son esenciales para evitar complicaciones graves”. La diabetes afecta a un porcentaje significativo de la población adulta en Ecuador y representa un importante desafío para el sistema de salud debido a la alta prevalencia, el número de casos no diagnosticados, la mortalidad y el gasto sanitario asociado. Causas y factores de riesgo en Ecuador Existen dos formas principales de diabetes. La tipo 1 (DM1), de origen autoinmune y causas desconocidas, suele debutar en niños, adolescentes o adultos jóvenes con hiperglicemias severas y requiere tratamiento inmediato con insulina. La tipo 2 (DM2), en cambio, afecta a la mayoría de la población y combina factores hereditarios con hábitos de vida poco saludables. El exceso de peso y la acumulación de grasa generan resistencia a la insulina, lo que dificulta que la glucosa sea utilizada por las células. “En Ecuador, la dieta alta en carbohidratos, azúcares y procesados, junto con la vida sedentaria, incrementa los casos de diabetes tipo 2 de forma alarmante”, advierte la especialista. Se estima que hay 552,800 personas de entre 20-79 años con diabetes en Ecuador en 2024, con una proyección de 893,700 para 2050. El impacto de los hábitos cotidianos Los estilos de vida modernos juegan un papel crucial en la aparición y descontrol de la enfermedad. El tiempo limitado para alimentarse ha normalizado el consumo de comidas rápidas, frituras y bebidas azucaradas. A esto se suma la falta de actividad física, el uso excesivo de medios de transporte que no permiten que la persona camine, las largas jornadas de oficina y la reducción de las horas de sueño. Dormir menos de seis horas, saltarse el desayuno y la sobreexposición a pantallas son factores que alteran el metabolismo y elevan el riesgo de desarrollar diabetes. “La falta de descanso y el estrés constante repercuten directamente en la salud metabólica”, recalca la Dra. González. Señales de alerta y diagnóstico oportuno Aunque la diabetes puede pasar desapercibida en su etapa inicial, existen síntomas que deben prender las alarmas: sed excesiva, hambre constante, aumento en la frecuencia de orina, pérdida de peso inexplicada, visión borrosa e infecciones recurrentes. Los grupos de riesgo —personas con antecedentes familiares, mujeres con diabetes gestacional, pacientes con ovario poliquístico, obesidad o desórdenes metabólicos— deben realizarse chequeos periódicos. Una glicemia en ayunas superior a 101 mg/dl es una señal de alerta para acudir al especialista. El impacto de los hábitos cotidianos El manejo del peso es un factor determinante en el control de la enfermedad. Mantener un equilibrio entre masa muscular y tejido graso ayuda a optimizar el metabolismo, mejora el perfil lipídico y facilita el control glicémico. En pacientes que requieren insulina, un mayor peso implica dosis más elevadas del medicamento, lo que a su vez puede incrementar la tendencia a subir de peso. “Por eso trabajamos en educación nutricional y seguimiento cercano, para romper ese círculo vicioso”, explica la doctora. Señales de alerta y diagnóstico oportuno El desarrollo tecnológico ha transformado la vida de los pacientes. Uno de los mayores avances es el monitoreo continuo de glucosa, mediante sensores subcutáneos que registran los niveles de glucosa en tiempo real y permiten un control más preciso. Aunque en Ecuador aún no está disponible de manera masiva, ya se utiliza en varios países de la región. Otra innovación son las bombas de insulina, que administran dosis programadas minuto a minuto y se ajustan automáticamente en casos de hipoglicemia o hiperglicemia. Asimismo, existen nuevos medicamentos que mejoran la función pancreática y la sensibilidad a la insulina. También te puede interesar: ¿Habilidades “blandas”? El poder profundo de las habilidades que sostienen el futuro Emociones y salud mental: un factor olvidado El control de la diabetes no depende únicamente de la alimentación o los fármacos. El estrés, la depresión y los problemas emocionales pueden elevar la glicemia y afectar la adherencia al tratamiento. Además, algunos medicamentos psiquiátricos predisponen al aumento de peso y a la aparición de DM2. Por ello, la gestión emocional es fundamental. La Dra. González enfatiza la importancia del apoyo familiar, la educación contra la desinformación y la inclusión de pausas activas en el trabajo para reducir la carga emocional del paciente. Alimentación sin restricciones extremas Un error común es creer que la diabetes impone una dieta restrictiva y aburrida. La clave está en la variedad y el equilibrio. Colores, texturas y combinaciones saludables hacen que la alimentación sea atractiva y sostenible. “Un plato debe incluir proteínas, vegetales variados, una pequeña porción de carbohidratos y agua como bebida principal. Los jugos y bebidas azucaradas deben evitarse. Y, en casos muy esporádicos, se puede incluir algún alimento procesado, siempre educando al paciente sobre su impacto en la glicemia”, detalla la especialista. Educación continua: la base del manejo integral En la era digital, la información abunda, pero no siempre es confiable. Muchos pacientes abandonan su medicación por consejos falsos encontrados en redes sociales o páginas no verificadas. Frente a ello, la educación continua del paciente y su familia es esencial. En la Clínica de Diabetes del Hospital Vozandes, cada persona recibe atención integral: seguimiento mensual o trimestral, valoración con oftalmología, nutrición, electrocardiogramas y exámenes de laboratorio. Actualmente, 180 pacientes forman parte activa del programa. Los entornos urbanos han impulsado el aumento de la diabetes al fomentar estilos de vida menos saludables, mientras que las desigualdades étnicas reflejan tanto diferencias en prevalencia como en el acceso y calidad de atención a la diabetes en Ecuador. Un mensaje para quienes reciben el diagnóstico Recibir la noticia de tener diabetes puede generar miedo y desesperación. Sin embargo, la Dra. González transmite un mensaje de calma: “El diagnóstico no significa el fin, sino el inicio de un nuevo estilo de vida. Lo importante es no caer en extremos, acudir a profesionales capacitados, seguir las recomendaciones nutricionales y entender que el tratamiento es de largo plazo. Con el acompañamiento adecuado, se puede llevar una vida plena y saludable”.