Sin embargo, la parte psicológica y de meditación necesitan ser atendidos. De ahí que las llamadas actividades wellness sean cada vez más requeridas. Este año triunfarán el mindfulness y el yoga, que muchos han probado por primera vez en el confinamiento y al que ya se han enganchado. Se cree que aunque el turismo es de los más afectados por la crisis, el turismo de salud va a ser mucho más resiliente ante estas circunstancias. Incluso, va a experimentar un reclamo mayor. En los últimos cinco años ha crecido una media de un 15% anual, el doble de lo que ha estado creciendo el turismo tradicional, una media del 7%. Y es que, en el mundo del turismo, todo lo relacionado con la salud y el bienestar será clara tendencia en 2021, fruto del presente en el vivimos donde la salud ha cobrado, sin duda, un papel protagónico. El turismo wellness se revitaliza y busca la profundidad de sus servicios. Quiere dar un paso en el mundo de la relajación: masajes con un concepto más holístico, spa... para dar cabida a la convergencia entre wellness y salud y adoptar un enfoque más serio en la parte médica. Hoy la gente busca relajarse y, ante todo, ponerse a punto. Las clínicas dedicadas al bienestar del cuerpo y mente se nutren de la presencia médica y es una tendencia en crecimiento. Un punto claro es todo lo relacionado con el sistema inmunológico, por ello se ofertan paquetes enfocados al refuerzo del sistema inmunológico. Sin embargo, esta necesidad de conseguir un estado de salud óptimo llega también unida a otra corriente que se afianza más que nunca, la personalización de los tratamientos según las necesidades individuales del paciente. Y ahí la genética cobra cada vez mayor peso. Los test genéticos que hace unos años eran menos alcanzables, ahora se pueden realizar sin problemas para que el tratamiento del cliente y las recomendaciones sean mucho más personalizadas y por ende, mucho más efectivas.