El desarrollo sostenible en América Latina enfrenta un problema que no siempre se aborda de frente, la violencia. Así lo expuso Marcela Smutt, especialista senior en Seguridad, Justicia y Cohesión social, quien advirtió que la inseguridad y el crimen organizado están condicionando directamente las oportunidades de desarrollo en la región. Lejos de quedarse en cifras, Smutt llevó el tema a lo cotidiano. Habló de jóvenes que no pueden estudiar por miedo y de familias que ven limitadas sus opciones de vida. “No son historias aisladas”, insistió, al explicar que este tipo de situaciones se repiten en distintos países de América Latina. En ese contexto, recordó que la región concentra cerca de un tercio de los homicidios a nivel global, pese a tener una proporción mucho menor de la población mundial. El impacto, sin embargo, no se queda en lo social. También golpea a la economía. Smutt explicó que el crimen organizado ha evolucionado y hoy abarca actividades como trata de personas, tráfico de armas o delitos ambientales. “Impacta en la operación de una empresa, en la inversión y en la competencia”, señaló, al detallar cómo estos fenómenos encarecen los negocios y frenan el crecimiento. Incluso, mencionó que la violencia puede representar alrededor del 3,5% del PIB en algunos países, una cifra comparable con el gasto público en educación. A esto se suma un problema más profundo, la pérdida de confianza. “La ciudadanía pierde confianza en las instituciones”, advirtió, lo que termina debilitando la democracia. Según explicó, el crimen organizado no solo opera en la economía ilegal, también puede influir en procesos políticos, financiar campañas o presionar decisiones públicas. Frente a este escenario, fue clara, no basta con respuestas aisladas ni únicamente punitivas. Se necesitan estrategias integrales que combinen seguridad, prevención, cohesión social y fortalecimiento institucional. Para Smutt, el punto es de fondo, el desarrollo no puede pensarse sin las personas en el centro. “Ninguna sociedad puede considerarse desarrollada si su población no vive libre de temor y de violencia”, afirmó. Una idea que resume el desafío de la región, construir condiciones donde el desarrollo no sea solo un indicador, sino una realidad posible para todos.