En la Kumbre de Sostenibilidad 2026, Inka Mattila, Representante Residente del PNUD en Ecuador, presentó las principales conclusiones del Informe de Desarrollo Humano, advirtiendo sobre un escenario global marcado por incertidumbre, desigualdad y múltiples crisis superpuestas. En el marco de la Kumbre de Sostenibilidad 2026, organizada por Grupo Ekos, Inka Mattila compartió una reflexión basada en el más reciente Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), destacando que “el mundo está bajo presión y seguirá siendo bajo presión”, en un contexto donde las crisis se superponen y la incertidumbre se consolida como la nueva normalidad. Mattila recordó que el desarrollo humano “es el proceso de expansión de las capacidades, oportunidades y libertades de las personas para llevar a cabo la vida que merecen y la que quieren”, un concepto que va más allá de lo económico y que se mide desde 1990 a través de tres dimensiones: salud, educación e ingreso. Enfatizó que estos factores están directamente vinculados con la productividad, el talento y el crecimiento de los mercados, por lo que su integración en la toma de decisiones es clave tanto para empresas como para políticas públicas. Uno de los principales hallazgos del informe es la pérdida de impulso del desarrollo humano en América Latina y el Caribe desde mediados de la década de 2010. “En pocos años perdimos una década en lo económico y dos décadas en lo social”, señaló, al referirse al impacto de la pandemia, que provocó el primer descenso global del índice desde su creación. Aunque la región muestra signos de recuperación, aún no logra retomar la trayectoria previa. La representante del PNUD advirtió que este estancamiento no solo afecta el progreso social, sino que genera un entorno más incierto para el sector privado, impactando la productividad, la estabilidad de los mercados y las decisiones de inversión. En este contexto, identificó tres grandes fuentes de presión: la transformación tecnológica, la fragmentación social y la crisis climática. En el ámbito tecnológico, señaló que si bien la región avanza en digitalización, persisten brechas significativas. “Solo el 2% de la población tiene acceso a redes 5G, frente a casi el 30% en economías avanzadas”, mientras que los costos de banda ancha son cuatro veces más altos. Advirtió que, sin un enfoque inclusivo, la digitalización podría profundizar desigualdades existentes. Respecto a la fragmentación social, Mattila destacó la caída en los niveles de confianza en instituciones, gobiernos y entre las personas. “América Latina y el Caribe es la región más polarizada”, afirmó, señalando que esta situación, sumada a la limitada presencia del Estado en ciertos territorios, abre espacio al crecimiento del crimen organizado. Frente a esto, subrayó el rol del sector privado en la generación de empleo digno, oportunidades inclusivas y fortalecimiento de cadenas de valor. En cuanto al cambio climático, fue enfática: “Estamos frente a una emergencia que requiere acción inmediata”. Indicó que los últimos cinco años han sido los más calurosos de la historia y que los fenómenos meteorológicos en la región se han duplicado. Sin embargo, también planteó una oportunidad: si se gestiona adecuadamente el capital natural, América Latina podría liderar una transformación verde y equitativa. Uno de los datos más relevantes presentados fue el aumento sostenido de la incertidumbre en la región. Según el informe, este indicador ha crecido de forma constante desde 1990, superando incluso el promedio global. “La incertidumbre es 100% más alta que hace un año”, afirmó, destacando que ya no se trata de eventos aislados, sino de un contexto estructuralmente inestable. Ante este escenario, el PNUD propone un nuevo enfoque centrado en la resiliencia. “No se trata de resistir, sino de encontrar oportunidades para progresar”, explicó Mattila, señalando la importancia de prepararse ante lo desconocido, responder eficazmente a las crisis y avanzar incluso en contextos adversos. Este enfoque se basa en fortalecer instituciones, infraestructura e instrumentos que permitan a sociedades y economías adaptarse. Finalmente, destacó iniciativas como la “Facility para América Latina y el Caribe”, un mecanismo lanzado para articular actores públicos, privados y multilaterales en la movilización de recursos e inversiones con impacto. Subrayó además que la Agenda 2030 “no es una agenda de gobiernos, sino de toda la sociedad”, y que cerrar la brecha de financiamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible —estimada en 4 billones de dólares anuales— requiere un rol activo del sector privado. Como mensaje de cierre, Mattila reiteró que “la incertidumbre es la nueva realidad” y que es imprescindible avanzar hacia un desarrollo humano resiliente, centrado en las personas, capaz de sostener el progreso en un mundo cada vez más desafiante.