Como ocurre con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y otros ya fuertemente arraigados en nuestras sociedades, como las desigualdades (en el acceso a salud, educación, etc.). Sólo como ejemplo, la ocurrencia de fenómenos climáticos más extremos a consecuencia del cambio climático provocó en la primera mitad de 2023 unas pérdidas en torno a USD 50.000 millones, muy por encima del valor promedio anual de la última década, en torno a USD 18.000 millones, según datos de The Geneva Association. Por otro lado, cifras de Columbia Climate School indican que, en Estados Unidos, se venían produciendo una media de 7 a 8 catástrofes naturales al año, pero en 2022 se superaron ya las 15, con pérdidas que representaron más de USD 1.000 millones. Sólo en el ramo de hogar, 16,6 millones de propiedades en el país norteamericano corren un riesgo considerable de inundación. También te puede interesar: Servicios de medicina prepagada: desafío para mantener su calidad Pero el escenario es también de oportunidades para el sector, con productos y servicios asociados a infraestructura energética de fuentes renovables y movilidad sostenible, así como en la asesoría en la identificación y atención de riesgos climáticos. Forma parte ya de los nuevos negocios puestos en marcha por diferentes aseguradoras a nivel global. Al momento de analizar la relación entre las aseguradoras y estas temáticas, que el mercado financiero engloba bajo los criterios ASG (ambientales, sociales y de gobernanza, sumando también está último), es importante considerar el triple rol de las empresas en el sector: 1) En brindar aseguramiento, 2) Como inversionista institucional (incluso ya también con productos y servicios de gestión de activos), y 3) Como empresa, en su actividad corporativa, esto es, como empleador, cliente de sus proveedores y en su relación con las comunidades (ver gráfico superior). Por: Pablo del Arco Fernández | Director América – Valora Consultores