Entre las poblaciones más afectadas están las comunidades locales y pueblos indígenas que dependen integralmente de los ríos. Frente a estas amenazas, varios pueblos y comunidades se han organizados y posicionado demandas para la defensa del agua y los ríos, que incluyen sus derechos humanos al agua, a vivir en un ambiente sano y a defender sus territorios ancestrales en que los ríos son parte indisociable; pero también han abierto un debate sobre los territorios del agua y los derechos del agua. Casos como la defensa de un río por el pueblo Wayúu en el contexto de la minería en La Guajira, Colombia; el caso del Pueblo Kichwa de Santa Clara que defendió el río Piatúa frente a una hidroeléctrica en Napo; y, el caso del Pueblo Ancestral Kichwa del Río Anzú, que defendió su territorio frente a la amenaza de la instalación de un bloque petrolero en la cabecera del río Anzu, en Pastaza, nos muestran que sus derechos humanos al agua no es el único motivo porque luchar, también defienden los derechos que tienen los ríos, los seres de agua y los territorios del agua. Pero ¿qué son los derechos al agua y los territorios del agua? Primero, es necesario entender que las comunidades locales y en especial los pueblos indígenas, mantienen una relación distinta con el entorno; sus naturalezas son animadas, no solo existen humanos, animales y plantas, también habitan seres o entidades no-humanas, quienes tienen sus propios lugares sagrados. Es decir, en los ríos también existen territorios como pozas, piedras y cascadas en los que habitan los seres del agua, que son sus lugares de intimidad, son sagrados. En estos lugares las personas y las comunidades mantienen relaciones espaciales y sociales con los seres no-humanos, formando, junto a los ríos, territorios hidrosociales. En estos territorios se adquieren conocimientos, fuerza y poderes, se reproduce la cultura y se mantienen relaciones de sociabilidad. Por ello, la afectación de sus lugares sagrados y de los seres no humanos no solo implica un despojo material, implica también un despojo espiritual ya que a través de estos seres y lugares sus prácticas sociales y culturales se desarrollan. Así, la defensa del agua enlaza la defensa territorial y cultural, y evitar la afectación y la pérdida de la vitalidad de los ríos que depende de la permanencia de los seres de agua, como un principio de coexistencia. En el caso de las poblaciones kichwas de la Comuna San Jacinto del Pindo en Pastaza, el agua tiene poder. El agua de los ríos y cascadas les dan fuerza a las personas al transitar ciclos importantes de sus vidas, como empezar un matrimonio o una graduación. El agua también tiene el poder de limpiar el cuerpo y el alma de todas las malas energías, y es fuente de muchos rituales de su cultura. Por esto es que muchos pueblos indígenas ven los impactos a sus ríos como amenaza directa a la continuidad de sus culturas. Así, el que no se reconozca estas relaciones y a estos otros seres conlleva a amenazas graves en sus territorios hidrosociales. La falta de reconocimiento permite ver a los territorios como vacíos y susceptibles de apropiación o afectación. Por lo tanto, las afectaciones al agua no se deberían separar de las cuestiones ecológicas, económicas, sociales, simbólicas y políticas. Esta concepción del agua multidimensional nos invita a repensar la noción de justicia hídrica y el acceso al agua por parte de humanos y no humanos. Nos interpela a reconocer el agua como un no-humano que está vivo y tiene derechos, derechos del agua. En el caso de Ecuador, se reconoce constitucionalmente a la naturaleza como Pachamama, esto implica reconocer que existen más formas de concebir nuestro entorno, como madre tierra o como un ser vivo que no está separado de la cultura y sociedad, donde humanos y no-humanos conformamos y co-creamos la naturaleza y los ríos. En WWF entendemos que aún existen brechas de entendimiento sobre esta problemática desde la cosmovisión de las comunidades locales y pueblos indígenas, pero el reconocimiento de diversas racionalidades sobre las naturalezas y el agua nos proporcionan insumos concretos para trabajar con una visión del agua más amplia, más diversa, transdisciplinaria y pluricultural. WWF ha establecido una alianza estratégica con la Defensoría del Pueblo de Pastaza y trabajamos conjuntamente con la comunidad de San Jacinto del Pindo para fortalecer conocimientos y prácticas para la promoción de los derechos al agua y del agua.Texto: Andrea Bravo Aguilar, Oficial de Políticas, Amazonía WWF