Mejores sugerencias de compras durante las fiestas de diciembre, comparaciones más precisas comprando audífonos bluetooth o mejores canastas automáticas de productos que se compran juntos a menudo fueron algunos de los avances visibles en la adopción de esta tecnología. Aunque estos avances no parecen revolucionarios, son los primeros pasos decisivos de transformación profunda del comercio. Según un análisis de Quantum Black AI by McKinsey, de manera conservadora se estima que hasta USD 5 trillones en transacciones serán gestionados por agentes hasta 2030. Este crecimiento acelerado es posible gracias a los agentes relativamente fáciles de escalar y pueden operar en prácticamente toda la web. La automatización se acerca cada vez más rápido al consumidor y empieza a anticipar sus necesidades. Podemos esperar recomendaciones de compra basadas en viajes y cumpleaños próximos y alertas automáticas cuando se nos va a agotar algún producto. Para los vendedores las implicaciones son críticas. Deberán asegurarse que sus catálogos, políticas y propuesta de valor sean legibles y accesibles a los agentes. Si no lo hacen, tampoco serán visibles al consumidor. La adopción rápida no significa que la tecnología vaya a tener una implementación homogénea. No es un salto inmediato a la automatización total, sino que es un espectro de adopción determinada por como los agentes añaden valor al journey de los clientes de cada comercio. Quatum Black diseñó una curva de seis niveles de automatización que marcarán el comercio del futuro. Cada nivel describe un estado de automatización entre la delegación mínima y la coordinación autónoma entre agentes. La adopción futura de esta tecnología no será un avance lineal hacia la automatización total. Si bien los agentes continúan mejorando sus capacidades, el nivel de delegación de los compradores esta determinado por dos fuerzas. La primera es tiempo y seguridad, los usuarios delegan progresivamente mientras usan el agente y este funciona de manera confiable. La segunda es la dinámica propia de cada categoría de consumo: el precio, el valor sentimental, la identidad y el riesgo de arrepentirse juegan un gran papel en cuanto el comprador está dispuesto a delegar. Estas dos fuerzas determinan en qué punto de la curva de automatización se estabilizará una categoría de compras. Para ciertos consumidores y contextos se llegará a autonomía completa de extremo a extremo, en otros casos la autonomía se detiene deliberadamente para mantener el juicio humano. Nivel 0: conveniencia programada El punto de partida previo a la lógica de agentes, la automatización se limita a conveniencia programada. La reposición de productos recurrentes como café, detergente, pañales o Shampoo. Se gestiona mediante suscripciones y envíos periódicos. Se trata de una automatización basada en reglas, es eficiente, pero rígida. Cuando cambian las necesidades, el sistema se descalibra y el consumidor debe intervenir. Aun así, este nivel demuestra un principio fundamental: los consumidores están dispuestos a delegar cuando la automatización es confiable. Nivel 1: El ayudante cognitivo El agente actúa como un copiloto cognitivo que asiste al comprador en el análisis y comparación de alternativas, pero sin ejecutar la transacción. Puede recorrer catálogos, sintetizar reseñas, evaluar atributos, tiempos de entrega o sostenibilidad, y presentar recomendaciones o listas de opciones. Su función es estrictamente analítica: el juicio y la decisión final permanecen en manos del consumidor. En este nivel los vendedores tendrán que asegurar que su información de producto sea completa, estructurada y fácilmente interpretable por agentes. Nivel 2: El personal shopper El agente asume un rol de orquestador como un “personal shopper” digital. A partir de una intención clara, por ejemplo, configurar una oficina en casa con requisitos técnicos específicos, el agente construye una canasta lista para comprar. Identifica opciones, resuelve restricciones. Incluso incorpora automáticamente impuestos, promociones o beneficios de lealtad. El resultado ya no es una lista comparativa, sino una configuración lista para comprar. El consumidor solo aprueba o ajusta la propuesta. Los vendedores tendrán que hacer cambios estructurales y adoptar una arquitectura optimizada para la consulta de datos, precios, promociones, condiciones de envió y mucho más de forma estandarizada Nivel 3: El comprador autorizado El consumidor delega las reglas, el agente se convierte en un comprador supervisado. En lugar de aprobar cada paso, se definen parámetros claros dentro de los que el agente puede operar de forma autónoma. Si la compra cumple un presupuesto, un horario de entrega o ciertas condiciones de confianza, se ejecuta. El agente gestiona el proceso de extremo a extremo, selecciona entre opciones elegibles, sustituye productos agotados por alternativas aprobadas, aplica beneficios de lealtad y escala al comprador solo cuando alguna decisión excede los parámetros. Para los comercios, esto implica garantizar transparencia y seguridad en pagos automáticos. Nivel 4: Administrador de intención El agente no ejecuta compras aisladas, sino que actúa sobre metas continuas. Mantener un presupuesto mensual, preservar un estatus de lealtad o evitar quiebres de inventario en el hogar. Monitorea necesidades, anticipando reposiciones y optimizando decisiones entre múltiples comercios. Gestiona la operación completa, incluyendo cambios y devoluciones. La intervención del consumidor se vuelve episódica y se concentra en decisiones críticas o excepciones. Para los vendedores, la competencia cambia de naturaleza: ya no se trata de ganar una compra individual, sino de asegurar un lugar dentro del plan continuo del agente. Esto exige una integración profunda para que los agentes puedan evaluar trade-offs correctamente. Nivel 5: Redes autónomas El comercio evoluciona hacia un modelo agente-a-agente. Los agentes personales no interactúan con sitios web, sino que negocian directamente con redes de agentes especializados que optimizan precios, logística, pagos y programas de lealtad. El resultado es un mercado multiagente donde la intención del consumidor se intermedia automáticamente. Para los comercios este nivel será una extensión natural del nivel 4, los que expongan políticas, garantías y lógicas de lealtad en formatos legibles por máquina podrán influir en estos ecosistemas. Quienes no lo hagan corren el riesgo de convertirse en proveedores intercambiables. Dónde se acelera, se estabiliza y redefine el valor sobre la curva de automatización La curva de automatización no solo describe lo que los agentes de IA pueden hacer a lo largo del proceso de compra, sino que más importante aún, muestra por qué el avance de la automatización no es uniforme entre categorías ni consumidores. Se acelera cuando elimina fricción sin sacrificar valor, se estabiliza cuando la intervención humana es una parte esencial y se vuelve selectiva cuando existen disyuntivas relevantes. Comprender estos patrones es clave para que los retailers definan dónde invertir. La delegación tiende a acelerarse en categorías funcionales y repetitivas como abarrotes en las que el valor radica en eficiencia, confiabilidad y previsibilidad. Cuando los agentes demuestran capacidad para comprar listas correctamente, cumplir restricciones y manejar sustituciones con criterio, los consumidores comienzan a delegar más. La atención deja de centrarse en comparar opciones y se desplaza hacia validar resultados. El storytelling pierde peso frente a la confianza operativa. Los agentes optimizan por precio, disponibilidad, desempeño logístico y claridad en políticas. Ser legible y confiable para el algoritmo puede ser más determinante que ser distintivo para el consumidor. Por: Carlos Buitrago, socio y managing partner de McKinsey & Company