Todo empezó con una pregunta simple, casi incómoda, ¿cuántos todavía tienen teléfono fijo en casa? Pocas manos se levantaron. Con ese ejemplo cotidiano, Jaime García, director de Impacto y Sostenibilidad de INCAE Business School, abrió un taller que rápidamente dejó claro que no se trataba solo de sostenibilidad, sino de entender un mundo que cambió sin pedir permiso. García usó esa transición, del teléfono fijo al smartphone, para explicar algo más profundo, los cambios estructurales no siempre se anuncian, simplemente pasan. Lo mismo ocurrió con la pandemia, un shock que evidenció lo frágil que podía ser todo, desde las cadenas globales hasta los negocios locales. En ese contexto, explicó, hoy operamos en un entorno BANI, frágil, ansioso, no lineal e incomprensible, donde incluso un evento lejano puede impactar directamente en la operación de una empresa. A eso se suma la aceleración tecnológica, especialmente la inteligencia artificial, que en poco tiempo pasó de ser una promesa a convertirse en una herramienta cotidiana que puede potenciar decisiones, leer datos y generar valor si se usa con criterio. Jaime García durante su intervención sobre tecnología y sostenibilidad como ventaja competitiva. Pero no todo es tecnología, también insistió en que las empresas necesitan desarrollar resiliencia real, no solo como concepto, sino como capacidad operativa, ser capaces de continuar incluso en escenarios de crisis, como ocurrió durante la pandemia. Habló de tomar decisiones con información incompleta, de trabajar con incertidumbre y de entender que la sostenibilidad, cuando se conecta con la estrategia del negocio, puede convertirse en una ventaja competitiva. En sus palabras, los retos sociales y ambientales ya no son externos, son parte del core del negocio. Franklin Murillo durante su intervención sobre riesgos, señales y sostenibilidad en entornos cambiantes. Esa idea se volvió más concreta con Franklin Murillo, director de insights globales y alianzas en Social Progress Imperative, quien aterrizó el concepto en algo práctico, mapear riesgos. No solo los que ya están bajo control, como emisiones o consumo de recursos, sino también aquellos que se conocen pero no se priorizan, como la inseguridad, el clima o la fragilidad de las cadenas de suministro. Recordó episodios recientes, como la dependencia de generadores eléctricos, para evidenciar que muchos de estos riesgos ya están presentes y afectan directamente a las empresas. Ronald Arce Pérez durante su intervención sobre creación de valor y sostenibilidad empresarial. Desde otro ángulo, Ronald Arce Pérez, quien dirige el Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible en INCAE, llevó la discusión hacia la creación de valor. Planteó que la sostenibilidad no se limita a cumplir estándares, sino que implica transformar la forma en que las empresas generan impacto económico, social y ambiental. Puso ejemplos concretos, cómo apoyar a pequeños negocios a reducir costos energéticos o cómo la inseguridad termina elevando el costo de invertir en un país, y remarcó que la tecnología es clave, pero siempre depende de las capacidades humanas para adaptarse y responder. Al final, la sensación fue clara, ya no hay vuelta atrás. El mundo previo a la pandemia no existe, y seguir operando como si existiera puede ser el mayor riesgo. En un entorno donde todo cambia rápido, las empresas que logren anticipar, adaptarse y usar la tecnología con propósito tendrán más posibilidades de sostenerse. Las demás, simplemente van a reaccionar tarde.