Amores planteó una visión provocadora sobre la evolución del empleo, desde la consolidación del teletrabajo hasta la irrupción definitiva de la Inteligencia Artificial (IA). En este contexto, se destacó que el futuro del trabajo no es una posibilidad lejana, sino una transformación presente que exige a las organizaciones una adaptación estructural para no perder relevancia en un mercado cada vez más automatizado. Para asegurar la rentabilidad a futuro, Amores señaló tres pilares fundamentales que toda empresa debe integrar de inmediato. En primer lugar, el entrenamiento intensivo en análisis de datos e IA para todo el personal; segundo, el diseño del trabajo basado estrictamente en resultados y no en el cumplimiento de horas reloj; y finalmente, la adopción de una sostenibilidad real, entendida como una estrategia de negocio y no simplemente como un discurso corporativo. Estos elementos permiten que las compañías se mantengan competitivas mientras navegan por las complejas dinámicas de la era digital. El ponente recordó que las revoluciones históricas siempre han transformado el panorama laboral, a menudo reduciendo la cantidad de empleos tradicionales. Sin embargo, el fenómeno actual se encamina hacia la "singularidad", ese momento crítico en el que la IA alcanzará la capacidad de pensamiento de un cerebro humano. Este avance sugiere un futuro donde podrían existir empresas operando casi sin trabajadores humanos, lo que obliga a repensar el rol de las personas dentro de la cadena de valor y el propósito de las instituciones en una sociedad altamente tecnificada. Uno de los conceptos más impactantes de la charla fue la "desmaterialización" del mundo. Según el directivo de Grupo DANEC, elementos cotidianos, sucursales físicas y oficinas matrices están desapareciendo para dar paso a servicios totalmente digitalizados. Los espacios digitales se perfilan como el ecosistema principal del futuro, donde la agilidad y la virtualidad reemplazan a la infraestructura de cemento. En esta nueva realidad, las empresas tienen la responsabilidad de liderar el proceso de cambio, fomentando una comunicación bidireccional, descentralizada y profundamente adaptativa. La irrupción de tecnologías disruptivas como el Internet de las Cosas (IoT), la realidad virtual, la robótica y las energías renovables está redefiniendo los límites de lo posible. Amores subrayó que el liderazgo en la gestión del talento debe permitir que la innovación crezca orgánicamente, utilizando la digitalidad como la clave para mantener una cultura laboral sólida a pesar de la distancia física. El desafío para los líderes actuales es equilibrar la eficiencia de las máquinas con el desarrollo del talento creativo que aún reside en el capital humano. Ecuador necesita enfocarse en la generación de patentes y en el fomento de la innovación propia. Afrontar los desafíos de la era digital implica no solo adoptar herramientas externas, sino cultivar un ecosistema que valore el talento y la investigación. En conclusión, el foro de Ekos y Great Place To Work® dejó claro que, aunque el cambio es inevitable, el éxito dependerá de la capacidad de las empresas para fusionar la tecnología con una cultura de excelencia que entienda los nuevos códigos de la economía global.