Aunque en la teoría hablamos de empaques reciclables, reutilizables o compostables, la realidad plantea una pregunta crítica: ¿existen en Ecuador las condiciones necesarias para procesarlos? El reto no está solo en diseñar materiales con potencial de circularidad, sino en garantizar que haya proveedores, tecnologías y cadenas de gestión capaces de transformarlos efectivamente. De lo contrario, las buenas intenciones terminan en vertederos. Este escenario nos obliga a repensar la circularidad como un sistema integral. No se trata únicamente de que un empaque pueda reciclarse en otros países, sino de evaluar cuántas veces puede reincorporarse al ciclo productivo aquí y ahora, en nuestro territorio. La clave es alinear innovación con contexto: adoptar soluciones viables en escala y costo, en lugar de replicar modelos extranjeros que resultan impracticables. Un primer paso consiste en contar con herramientas accesibles que permitan a las empresas analizar la circularidad de sus productos de manera práctica y sin depender de consultores especializados. Plataformas que orienten sobre qué tipo de empaque conviene para cada producto y cuáles son sus destinos posibles en el país serían un punto de partida para democratizar la innovación circular. También puedes leer: Tecnología alemana revoluciona la limpieza de los océanos La colaboración interempresarial es otro factor decisivo. La circularidad no puede avanzar en silos; requiere liderazgo compartido y la disposición de reconocer que los residuos de una industria pueden convertirse en los insumos de otra. Cambiar la palabra basura por recurso implica transformar nuestra forma de pensar y abrirnos a sinergias que hasta ahora han sido poco exploradas. En conclusión, hablar de economía circular en Ecuador significa pasar del discurso a la acción. Implica articular actores, invertir en soluciones adaptadas al contexto y fomentar una cultura de cooperación empresarial. Solo así podremos avanzar hacia una verdadera revolución circular, en la que cada empaque deje de ser un desecho inevitable y se convierta en el inicio de una nueva oportunidad productiva. Por: Martín Vásconez - Subgerente de Sostenibilidad en Corporacion Favorita Este artículo fue publicado en alianza con: