Sin embargo, hay un concepto menos mencionado, el “employee engagement”, que en los últimos años ha ganado protagonismo en Ecuador y desde hace una más de una década, sobresale en la tendencia de búsqueda en Google a nivel mundial. Como lo muestra el gráfico (abajo), en los últimos siete años tanto la cultura organizacional como el employee engagement se mantienen de manera estable y encabezan la tendencia de búsqueda versus otros conceptos. Aquella tendencia es entendible, el impacto de la cultura organizacional es innegable, ya que es “aquello que hacemos cuando nadie nos ve”. Si bien es cierto que engloba a los valores, creencias y prácticas que definen a una empresa, su verdadera importancia recae en que guía los comportamientos y la toma de decisiones. Así que su fuerza radica en estar en sincronía con la estrategia de la organización. Asimismo, el impacto del employee engagement (traducido imprecisamente como “compromiso”) es trascendental, ya que se centra en el nivel de conexión emocional y entusiasmo que tienen los colaboradores con su trabajo y con la empresa. Deja de ser un concepto etéreo y grupal como el de cultura, y se vuelve un estado medible a nivel individual, facilitando así las estrategias de mejora. Su valor recae en su fuerte respaldo académico, que establece que colaboradores con mayor engagement tienen mejor desempeño y mayor bienestar. Cultura y engagement van de la mano Si ambos conceptos encabezan la tendencia global, entonces ¿Debo trabajar en ambos? ¿Qué relación tiene el uno con el otro? En realidad, la relación entre cultura y engagement es compleja. Si bien pueden potenciarse mutuamente, también pueden existir de manera independiente. También te puede interesar: Cultura organizacional: el nuevo activo estratégico en las empresas Por un lado, se observa muchas veces un círculo virtuoso donde la una alimenta a la otra. Una cultura organizacional fuerte es el terreno fértil sobre el cual se construye el engagement, y son los colaboradores emocionalmente conectados quienes, con su entusiasmo y dedicación, terminan moldeando y fortaleciendo la cultura de la empresa. Por otro lado, estaría equivocado asumir que cultura y engagement siempre caminan de la mano. Hay empresas con culturas muy definidas, pero que, de alguna manera, no logran despertar ese brillo en los ojos de sus colaboradores. Otras, en cambio, cuentan con un equipo lleno de entusiasmo, pero cuya cultura es difusa y no termina de apoyar los objetivos de la empresa. En conclusión, el desafío está en encontrar ese equilibrio, donde la cultura y el engagement se potencien mutuamente. Las empresas que reconocen esta interdependencia y trabajan en ambas áreas son las que logran un éxito sostenido y un entorno laboral saludable. Y en un mundo laboral cada vez más desafiante, esa sinergia ya no es una ventaja competitiva: es el nuevo estándar. Por: Rafael Muñoz - Consultor en Human Reinvention y Profesor Parcial en la USFQ