El espacio puso sobre la mesa una idea contundente: no puede existir sostenibilidad sin bienestar humano. En un contexto marcado por estrés, desigualdad y desafíos sociales, los panelistas coincidieron en que el verdadero cambio empieza en las personas, pero solo se consolida cuando se articula con organizaciones, comunidades y políticas que lo sostengan en el tiempo. El foro contó con la participación de Karla Sarmiento, CEO de Más Bienestar; Juan Sebastián Valarezo, de World Vision; Camilo Páez, gerente de Recursos Humanos de FEMSA Salud Ecuador; y Nathaly Baquero como moderadora. Desde distintas perspectivas, abordaron el bienestar como un reto compartido que exige acción concreta, coherencia y trabajo colaborativo. El bienestar empieza en el presente y en la mente Karla Sarmiento planteó que uno de los mayores desafíos actuales es la hiperconectividad, que genera ruido constante y desconexión del mundo interno. Explicó que las personas viven atrapadas entre el pasado y el futuro, lo que impide disfrutar el presente y afecta directamente su bienestar emocional y mental. Desde su enfoque, el cambio requiere prácticas simples pero consistentes: pausar, respirar y observar. Sarmiento enfatizó que muchas condiciones como el estrés o el burnout se han normalizado, cuando en realidad reflejan una falta de gestión emocional. Por ello, insistió en la importancia de desarrollar hábitos, reducir el ruido externo y aprender a escuchar el propio cuerpo. Del bienestar individual al impacto colectivo Juan Sebastián Valarezo llevó la conversación al ámbito comunitario, evidenciando los desafíos estructurales del país. Recordó que en Ecuador persisten problemas como violencia, ansiedad y falta de acceso a servicios básicos, pero también destacó avances logrados mediante intervenciones sostenidas en territorio. El representante de World Vision subrayó que el bienestar sostenible requiere herramientas concretas para las comunidades. Destacó iniciativas que han permitido mejorar indicadores como la nutrición infantil y llamó a fortalecer el trabajo conjunto entre empresas y organizaciones sociales para reconstruir el tejido social desde la infancia. El rol empresarial como articulador del bienestar Camilo Páez enfatizó que el bienestar no puede abordarse desde un solo actor. Señaló que el sector privado, el Estado, la academia y la sociedad civil deben trabajar de manera coordinada para generar impacto real. En ese sentido, destacó que FEMSA Salud asume el bienestar como parte central de su propósito organizacional. Explicó que esta visión se traduce en acciones concretas dentro de la operación: desde garantizar condiciones adecuadas de trabajo hasta asegurar acceso a servicios de salud en diferentes territorios. Para Páez, las empresas no operan en el vacío, sino en comunidades donde sus decisiones tienen impacto directo en la calidad de vida de las personas. Cultura organizacional: el punto de partida del cambio Sarmiento profundizó en el rol de las empresas en el bienestar de sus equipos. Afirmó que no es posible construir culturas saludables si los líderes no trabajan primero en su propio estado emocional. “Nadie puede dar lo que no tiene”, señaló, al destacar la importancia de formar líderes con habilidades emocionales y no solo técnicas. Además, insistió en que la cultura organizacional debe ser medible y basada en escucha activa. Comprender cómo se sienten los colaboradores y qué necesitan es clave para diseñar estrategias efectivas. En su criterio, el bienestar empresarial no es un discurso, sino una práctica que se construye desde adentro hacia afuera. Sostenibilidad empresarial con impacto en territorio Valarezo recalcó que el rol de la empresa privada debe ir más allá del cumplimiento. Destacó la importancia de contar con planes de sostenibilidad estructurados que permitan tomar decisiones de inversión con impacto social y ambiental, y no solo responder a exigencias reputacionales. Como ejemplo, mencionó iniciativas conjuntas con FEMSA Salud que han llevado atención médica, medicamentos y educación a comunidades vulnerables. Estas acciones, dijo, no solo mejoran indicadores, sino que transforman historias de vida y fortalecen capacidades en territorios históricamente excluidos. Liderazgo y coherencia en la práctica diaria Páez destacó tres pilares para construir bienestar organizacional: liderazgo coherente, condiciones laborales adecuadas y escucha permanente. A su criterio, el rol del líder es determinante, ya que es quien traduce el propósito en decisiones concretas y en la experiencia diaria de los colaboradores. Además, resaltó iniciativas culturales como “Cerca siempre” y programas de equidad, diversidad e inclusión, que buscan fortalecer entornos laborales más humanos. Subrayó que el bienestar no es responsabilidad de un área específica, sino de toda la organización, y que solo se logra cuando se vive de forma consistente. Hábitos, comunidad y corresponsabilidad En el cierre, Sarmiento insistió en que el bienestar también es una responsabilidad individual. Invitó a las personas a cuestionar sus hábitos, gestionar sus emociones y trabajar en comunidad. “El cambio empieza en uno mismo, pero se potencia cuando se construye en equipo”, afirmó. Los panelistas coincidieron en que el bienestar sostenible requiere corresponsabilidad. Desde las empresas hasta los individuos, todos tienen un rol en la construcción de una sociedad más equilibrada. La conclusión fue clara: cuidar lo humano no es solo un principio ético, sino una estrategia clave para transformar el futuro.