En medio de la discusión sobre la fiebre de la inteligencia artificial (IA), la gente ha comenzado a bromear sobre “una burbuja en la conversación sobre las burbujas”. Las búsquedas en Google sobre IA con la palabra “burbuja” se han disparado y el estado de ánimo en los mercados parece eufórico; pero, más allá de estos débiles indicadores, no existe una medida estándar de una burbuja. Mi “prueba de burbuja” se centra en cuatro aspectos: sobrevaloración, exceso de propiedad, sobreinversión y exceso de apalancamiento. Éstos son los resultados actuales de la IA: 1. Sobrevaloración: En las principales burbujas, desde la del oro en la década de 1970 hasta la del auge del Internet a finales de la década de 1990, los precios ajustados a la inflación se multiplicaron por diez en un período de entre 10 y 15 años. Las acciones tecnológicas estadounidenses recientemente alcanzaron ese umbral. Además, un estudio sobre las burbujas del último siglo muestra que la probabilidad de una caída supera el 50 % cuando la industria en el centro de la fiebre supera al mercado en más de un 100 % en dos años. Las acciones relacionadas con la IA también se encuentran cerca de ese punto de inflexión. 2. Exceso de propiedad: Esto mide cuánto dinero está fluyendo hacia la nueva y popular tendencia. Y los estadounidenses están persiguiendo frenéticamente las acciones, particularmente las tecnológicas. Los hogares mantienen un récord del 52% de su riqueza en acciones, lo que supera el máximo alcanzado en 2000 y está muy por encima de los niveles de la Unión Europea (30%), Japón (20%) y el Reino Unido (15%). Una señal estrechamente relacionada es el sobrecomercio. En los últimos cinco años, el número de acciones negociadas cada día en EE.UU. ha aumentado un 60 %, hasta alcanzar unos 18 mil millones. La proporción minorista de las opciones sobre acciones a corto plazo ha pasado de un tercio a más de la mitad. Los jóvenes están sucumbiendo al “nihilismo financiero”: entregándose a la especulación porque han renunciado a comprar una vivienda. Si el mercado de valores cae un día determinado, los inversionistas minoristas compran impulsivamente al día siguiente. Sus acciones son claras: las cinco más cotizadas pertenecen a las “siete magníficas” empresas tecnológicas. Dado que las condiciones financieras siguen siendo tan relajadas, la liquidez sigue impulsando al alza las acciones. Eso está casi obligando a los inversionistas institucionales a seguir comprando, incluyendo muchos que se muestran escépticos ante la euforia por la IA. El resultado es algo nuevo y extraño: un mercado bajista totalmente invertido. Los entusiastas de la IA afirman que el incesante debate sobre la burbuja demuestra que no se trata de una burbuja, ya que los picos se producen cuando desaparece la preocupación y el optimismo es universal. Quizás, pero lo cierto es que la preocupación iba en aumento antes del estallido de la burbuja puntocom. Un año antes, la Reserva Federal de San Francisco evocó el temor de lo ocurrido en 1929. Muchos columnistas y economistas se hicieron eco de esos temores, al igual que varios inversionistas institucionales. Tal como ocurre actualmente. ¿La IA es una burbuja? Cuatro señales para leer el mercado El texto plantea una “prueba de burbuja” aplicada a la fiebre de la inteligencia artificial, basada en cuatro factores: sobrevaloración, exceso de propiedad, sobre inversión y apalancamiento. Advierte que las acciones tecnológicas ya exhiben señales típicas de burbuja: precios cercanos a umbrales históricos de riesgo, hogares en EE.UU. con una exposición récord a acciones (52%) y un fuerte aumento del volumen de trading. En inversión, la tecnología supera el 6% del PIB de EE.UU. y el gasto en IA de las “siete magníficas” habría rebasado USD 380 mil millones este año, con proyecciones de más de USD 660 mil millones para 2030, pese a una adopción corporativa aún baja (menos del 15%). Aunque el apalancamiento en hogares y empresas no luce extremo, crece el riesgo fiscal y se expande el uso de ETF apalancados (USD 140 mil millones). Concluye que la IA muestra rasgos de burbuja avanzada, pero que el detonante histórico más consistente de un estallido suele ser el alza de tasas y el endurecimiento financiero. También te puede interesar: Demanda de petróleo y gas aumentará durante 25 años sin acción climática global, según la AIE 3. Sobreinversión: La inversión en tecnología recientemente sobrepasó el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) de EE.UU., superando el récord establecido en 2000. Las compañías están invirtiendo capital en centros de datos de IA y en plantas de energía para operarlos, lideradas por los hiperescaladores. Sólo contando a las “siete magníficas”, el gasto en IA se ha más que duplicado desde 2023 hasta alcanzar los USD 380 mil millones este año, y está en camino de superar los USD 660 mil millones para 2030. Los posibles beneficios están lejos de estar claros. Por cada encuesta que afirma que la demanda de IA se está disparando, hay otra que muestra lo contrario: menos del 15% de las compañías estadounidenses afirman utilizar IA, en medio de múltiples indicios de que la tasa de adopción se está ralentizando. Los tecnoptimistas afirman que la inversión en IA se amortizará por sí sola al reducir los costos laborales; sustituir hasta el 40% de las tareas que ahora realizan los seres humanos “en un futuro no muy lejano”; y elevar las tasas de desempleo hasta el 20%. ¿Se quedarán los seres humanos de brazos cruzados mientras esto ocurre? Una disrupción laboral de esta magnitud podría desencadenar una adversa reacción política, lo que limitaría el grado en que la inversión en IA resulta rentable. 4. Exceso de apalancamiento: Hasta ahora, las corporaciones y los hogares estadounidenses no parecen estar sobreapalancados. Pero las “siete magníficas” ya no son las máquinas de hacer dinero que eran incluso hace un año. Amazon, Meta y Microsoft son ahora deudoras netas, frente a solamente una en 2023. Sus beneficios siguen aumentando, pero, con tanta inversión en IA, sólo Google y Nvidia siguen generando grandes cantidades de efectivo. En esta ocasión, las deudas se están acumulando en las cuentas del Gobierno, debido a los déficits récord, lo que supone un riesgo importante. Si los inversionistas en bonos llegan a cuestionar la precaria situación financiera estadounidense, podrían hacer subir las tasas de interés a largo plazo, lo que repercutiría en toda la economía. Mientras tanto, en los mercados financieros, el apalancamiento ha ido más allá de los préstamos de margen tradicionales para la compra de acciones individuales. Ahora hay fondos que piden dinero prestado para ampliar sus inversiones. Estos “fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) apalancados” son fácilmente accesibles para los inversionistas minoristas y han visto crecer sus activos siete veces en la última década, hasta alcanzar unos USD 140 mil millones. En resumen, los cuatro factores sugieren, en mayor o menor grado, que la IA es una burbuja y que ha alcanzado una fase avanzada. Sin embargo, la historia también demuestra que no hay un punto exacto en el que una burbuja estalle por su propio peso. El único desencadenante constante de un desplome del mercado, remontándonos a las burbujas ferroviarias del siglo XIX, ha sido el aumento de las tasas de interés y el endurecimiento de las condiciones financieras. Así que, aunque es evidente que estamos en una burbuja, ésta podría seguir creciendo hasta que el dinero que la infla comience a agotarse. Por: Ruchir Sharma