“Es allí donde un programa de Maestría en Dirección de Empresas, basado en el método del caso, juega un rol esencial en el perfeccionamiento de las habilidades directivas del alto ejecutivo. Estas habilidades son fundamentales para el crecimiento empresarial y es precisamente sobre lo que se trabaja arduamente en un programa de maestría. Además de sus hard skills (conjunto de conocimientos técnicos y teóricos), la exposición a la toma de decisiones y resolución de problemas a los que se enfrenta un maestrante es lo que forma sus soft skills (disposiciones de la voluntad, habilidades intelectuales y valores humanos) que son las que generan un diferencial en el profesional y trae mejores oportunidades en lo laboral”. “No es la primera vez que la sociedad se encuentra inmersa en un proceso de resurgimiento posterior a una depresión mundial, tal como la historia da testimonio desde 1876 con la primera crisis financiera, hasta el 2020, tiempo de la última pandemia. Todas las crisis han resultado convenientes de alguna manera, porque han motivado con gran fuerza, la I+D+i como recursos para la enfrentar la resiliencia y la adaptabilidad. Factores y características que un ejecutivo organizacional debería dominar en dos momentos: antes de una crisis, como una estrategia preventiva y de sostenibilidad, y dos, en un perennis momentum como obligatoriedad al descubrimiento que favorezca la competitividad, independientemente del perfil profesional de sus directivos. Así estamos llamados a comandar bajo el dominio clásico de la planificación, la organización, la dirección, la coordinación y el control, pero con una perspectiva futurista en pleno dominio de la tecnología digital y una característica nueva entendida en la empatía social”. “Todo momento es apropiado para estudiar porque el lifelong learning y la educación en negocios no solo enriquece a la persona, sino también a la empresa y a la sociedad. Un MBA es la mejor opción para gerentes y directivos, o con potencial de serlo, tanto en su gestión de liderazgo de equipos, de procesos o proyectos. Además de ser un logro personal muy valioso, una maestría potencia el desempeño empresarial a través de la actualización individual, que a su vez es efectiva solo cuando los maestrantes quieren lograr una nueva visión, crecer en el mercado, mejorar el desempeño empresarial, innovar, y reconocen que tienen una alta motivación para transferir lo aprendido. Quizá por ello, no existe un hito concreto ni la receta del éxito en estudios de posgrado. Es ese momento en el que los profesionales hacen consciencia de las necesidades de su organización, de reinventarse, y saben que su pensamiento crítico, espíritu liberal y emprendedor son el complemento ideal para liderar y servir”.