Sin embargo, la mayoría de las personas nos adaptamos sobre la marcha, sin una disciplina ni una cultura tecnológica madura. Para los profesionales, este proceso significó un esfuerzo de adaptación considerable; y aún más complejo fue para niños y adolescentes, quienes accedieron rápidamente a dispositivos como celulares, tablets e internet ilimitado, incorporándose de forma casi instantánea a un nuevo estilo de vida digital. Hemos llegado a un punto preocupante: la alta exposición a las pantallas. Según la revista científica PLOS ONE, en un estudio realizado en 19 países latinoamericanos, el uso de dispositivos digitales por parte de los niños es prácticamente omnipresente. En el caso de los bebés, incluso se evidenció un incremento tras la pandemia, con asociaciones negativas en su desarrollo cognitivo, especialmente en el lenguaje y las habilidades motrices. Esta sobreexposición se vincula con múltiples consecuencias: alteraciones del sueño, conductas alimentarias poco saludables, incremento de actividades sedentarias, mayores niveles de agresividad e hiperactividad, así como más dificultades en las relaciones con sus compañeros. También te puede interesar: Innovación, belleza y propósito bajo la visión de Miguel Ángel Cavallero Como padres debemos asumir la responsabilidad del uso de la tecnología en el hogar. No olvidemos que las pantallas emiten luz azul, la cual estimula la liberación de dopamina. No es correcto decir que actúa como una droga, pero su exceso activa las mismas vías cerebrales de alerta que, por ejemplo, el café: estimula el sistema nervioso y retrasa el sueño. Ahora bien, piensa en esto: ¿le darías a tu hijo pequeño ocho tazas de café al día? Si tu respuesta es no, entonces ya diste el primer paso para comprender que también es momento de ayudar a tus hijos a tener una relación más sana y equilibrada con la tecnología. Por: David Salazar, Director de CITEC & CEO de Viamatica.