Hoy en día, la prioridad debe ser alcanzar altos niveles de inmunidad colectiva para superar la actual pandemia. Pero también es importante empezar a repasar atentamente la experiencia acumulada durante este año y medio, y extraer aprendizajes que permitan una mejor preparación para escenarios similares en el futuro. ➤ Ver también: Estas empresas están exigiendo la vacuna del Covid-19 a sus empleados El monitoreo continuo que hemos hecho de la pandemia y de las políticas de control implementadas por distintos países dejan algunas ideas al respecto, que compartimos a continuación. Entender el rol útil, pero limitado, de las intervenciones no farmacéuticas Hay evidencia de que ciertas intervenciones de restricción a la movilidad (como la prohibición de encuentros sociales, el cierre de instituciones educativas y las restricciones fronterizas) han sido efectivas para reducir las tasas de transmisión (Rt) del Sars-COV-2. Pero estas medidas generan importantes costos individuales y sociales y, por tanto, su efectividad para frenar los contagios disminuye a medida que la población se fatiga de las restricciones. Por ejemplo, un estudio reciente estima que la eficacia del confinamiento disminuye sensiblemente tras aproximadamente cuatro meses. No subestimar la duración de la pandemia Cuando la contención no es una opción, las únicas soluciones definitivas a la crisis son un tratamiento efectivo para la enfermedad o -más probablemente- la inmunización de la población. Es esencial hacer entonces una estimación del tiempo y recursos necesarios para alcanzar ese evento de salida, y planificar la trayectoria de políticas con esa ventana de tiempo en mente. Esa estimación es difícil de hacer, dada la incertidumbre propia al desarrollo de tratamientos y vacunas. Pero, aunque tenga un margen de error, una previsión prudente de la duración de la pandemia ayuda a delinear una estrategia de control más consistente intertemporalmente. Priorizar la consecución de vacunas desde el primer día Desde el día que surge una enfermedad infecciosa con potencial para volverse una epidemia, el desarrollo, producción y adquisición de vacunas deben ser prioridad, aunque el inicio de los procesos de vacunación parezca un evento remoto. Llegada una pandemia, vacunar a la población rápidamente tiene un valor enorme: un estudio de octubre de 2020 del BID con cálculos para América Latina estima que terminar la pandemia del COVID-19 tres meses antes “produciría a la región una ganancia de casi USD 35.000 millones solo en beneficios económicos”. Incentivar el cumplimiento de normas y comportamientos deseables El comportamiento de las personas es fundamental para determinar la dinámica de una epidemia y, por tanto, regular ese comportamiento es el objetivo principal de las medidas que toman las autoridades en tales circunstancias. Pero más allá de las reglas formales impuestas, las personas actúan de acuerdo con un cálculo individual de riesgos, costos y beneficios, y la política pública debe reconocer ese cálculo e incorporarlo. Si una acción genera externalidades positivas, es importante incentivarla. En línea con eso, varios países ofrecieron ayuda económica a personas con síntomas para que se confinaran durante un tiempo. Asimismo, estados y ciudades de Estados Unidos han ofrecido distintas recompensas para que los ciudadanos se vacunen, iniciativa que se ha replicado en el sector privado. Estudiar cuidadosamente los efectos de distintos incentivos ofrecidos es aún una tarea pendiente, pero a priori son políticas con mucho sentido. Por supuesto, iniciativas de este tipo deben diseñarse con mucha cautela y considerando cuidadosamente las capacidades estatales para su adecuada implementación. Sin capacidades, los incentivos se pueden pervertir, produciendo resultados nulos o incluso contraproducentes. Fuente: CAF