En los mercados financieros internacionales, la sostenibilidad dejó hace tiempo de ser un discurso reputacional. Hoy funciona como criterio de inversión, mecanismo de gestión de riesgo y puerta de acceso a capital. Ese fue el eje de la charla de Kurt H. Vogt, experto internacional en finanzas sostenibles y director general de HPL LLC, durante el Evento de Cooperativas de Ahorro y Crédito en Ecuador, organizado por Grupo Ekos. Con más de tres décadas de experiencia en banca internacional y organismos multilaterales, Vogt llegó al escenario con una idea clara: el sistema cooperativo tiene una posición privilegiada dentro de la transformación financiera que atraviesa el mundo. No por tendencia, sino por estructura. “Las cooperativas ya tienen una vocación natural hacia el tema social”, explicó. La capilaridad territorial, el acceso a segmentos históricamente excluidos de la banca tradicional y la cercanía con sectores productivos como el agrícola convierten al cooperativismo en un actor relevante dentro de las finanzas sostenibles. La conversación giró alrededor de un fenómeno que, según Vogt, ya está redefiniendo el flujo global de capital. Fondos de pensiones, aseguradoras y grandes administradores de activos están reorientando miles de millones de dólares hacia inversiones capaces de demostrar impacto ambiental y social. El motivo es menos ideológico de lo que parece. Los grandes inversionistas piensan en horizontes de 30 o 40 años y necesitan proteger activos frente a riesgos climáticos, regulatorios y sociales que ya empiezan a afectar mercados completos. Ahí aparecen nombres como BlackRock o PIMCO, administrando recursos provenientes de fondos institucionales que exigen incorporar criterios ambientales y sociales dentro de sus estrategias financieras. Para Vogt, entender esa lógica es fundamental para cualquier institución financiera que quiera mantenerse competitiva. “El dinero está y hay interés de canalizarlo”, señaló durante su intervención. La charla también aterrizó el concepto en herramientas concretas. Bonos verdes, bonos sociales, deuda ligada a sostenibilidad y financiamiento para transición energética fueron parte de los instrumentos analizados. Vogt insistió en que el financiamiento sostenible no está reservado exclusivamente para proyectos ambientales “perfectos”. Sectores intensivos en emisiones, como cemento, acero o petróleo, también pueden acceder a este tipo de capital si logran demostrar planes reales de transición y reducción de impacto. Las cooperativas latinoamericanas empiezan a entrar al circuito del capital sostenible En América Latina, el mercado ha empezado a acelerarse otra vez después de la desaceleración posterior a la pandemia. Ecuador ya registra emisiones vinculadas a sostenibilidad y, según explicó el especialista, la región muestra señales de crecimiento sostenido en este segmento financiero. Uno de los casos que presentó fue el de la cooperativa de la Universidad de Chile, que estructuró bonos sociales enfocados en inclusión financiera y vivienda asequible. La institución logró emitir deuda tanto en el mercado chileno como en Japón, algo que terminó fortaleciendo también su posicionamiento institucional. Otro ejemplo fue Bancolombia, que incorporó objetivos de sostenibilidad directamente dentro de sus instrumentos financieros, vinculando incluso el costo de financiamiento al cumplimiento de metas ambientales y sociales. El cierre de su intervención volvió sobre una idea que atravesó toda la conferencia: la sostenibilidad ya no opera como un departamento aislado dentro de las empresas. “Esto es interdisciplinario. No es trabajo solo del área de sustentabilidad, sino de toda la empresa”, afirmó. Vogt dejó un mensaje directo para el sector cooperativo ecuatoriano: integrar sostenibilidad no implica únicamente prepararse para futuras exigencias regulatorias. También significa abrir la puerta a capital, talento y nuevas oportunidades de crecimiento.