El último reporte en 2018 indica que el consumo de agua embotellada se ubicó en 41,2 litros per cápita (por persona), frente al de las bebidas gaseosas de 24,6 litros por ciudadano. Esta diferencia entre las dos bebidas empezó a marcarse, aunque levemente, desde 2014 cuando el consumo anual de agua embotellada se ubicó en 39,7 litros por persona, en comparación de 37,1 litros en bebidas gaseosas. Para Angélica Tutasi, coordinadora de Nutrición, Seguridad y Soberanía Alimentaria del Ministerio de Salud, esa diferencia coincide con la vigencia del semáforo nutricional, en 2014. Señala que esos resultados son positivos y que apuntan a prevenir el sobrepeso y la obesidad en el país. Christian Wahli, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas, dice que la disminución en el consumo de gaseosas provocó el incremento de la publicidad de marcas de productos con contenidos bajos de azúcar. Fuente: El Universo