Descarbonizar el sector requerirá inversiones por USD 3,5 billones entre 2022 y 2035, apenas 0,03% del PIB mundial anual, una cifra ínfima si la comparamos con el valor económico, social y ambiental que puede generar. En este cruce de caminos, las empresas constructoras de la región tienen la posibilidad de convertir la urgencia climática en ventaja competitiva. Las ciudades que apuesten por códigos modernos, financiamiento verde y profesionales capacitados construirán urbes más resilientes, inclusivas y competitivas. El dilema ya no es si empresas Latinoamericanas adoptarán estándares sostenibles en la construcción, sino cuán rápido serán capaces de escalar esta transformación. La oportunidad está ahí: se trata de capturarla antes de que otros lo hagan. Ejemplos de la región demuestran que esta visión ya es una realidad. En Centroamérica, Grupo Roble lidera la edificación de centros comerciales sostenibles en Costa Rica y El Salvador, con sistemas de ahorro de agua y energía que reducen costos operativos y atraen a marcas globales, que exigen espacios verdes certificados. Esta experiencia confirma que la construcción sostenible no solo es posible, sino también rentable y competitiva. Barreras para innovar La industria de la construcción en América Latina enfrenta varias barreras claves que dificultan aprovechar plenamente las oportunidades de la sostenibilidad. La región enfrenta una barrera estructural: la debilidad de sus marcos regulatorios. De los 88 países analizados por el Banco Mundial, 71 ya tienen códigos de eficiencia energética obligatorios en la construcción, pero América Latina sigue rezagada. Allí donde existen, rara vez se cumplen de manera rigurosa. La segunda barrera es el financiamiento: la región recibe apenas el 10% de la deuda verde global, y menos del 9% de esos fondos se destinan a descarbonizar materiales. Superar esta brecha exige innovación financiera —bonos verdes, hipotecas sostenibles, esquemas de colaboración público-privada— y voluntad política para acelerar la transición. Las oportunidades América Latina vive un momento decisivo. Nuestras ciudades crecen con rapidez, la demanda de vivienda se acumula, y al mismo tiempo enfrentamos la presión de reducir emisiones en medio de una crisis climática sin precedentes. Entre la urgencia y la oportunidad, emerge un concepto que ya no puede verse como moda o lujo: la construcción sostenible. En las próximas décadas, la región tiene frente a sí una oportunidad de inversión cercana a los USD 4,1 billones en edificaciones verdes, según cálculos de la Corporación Financiera Internacional. Esta cifra no es retórica ni aspiracional: responde a un hecho contundente. Los edificios representan hasta 37% de las emisiones de CO2 a nivel global y, en América Latina, consumen cerca del 40% de la energía utilizada por sectores productivos e industriales. El Banco Interamericano de Desarrollo ha documentado que el diferencial de costo para construir verde es, en promedio, de apenas 2%, mientras que el retorno interno puede superar el 20%. En el caso de edificios comerciales, cada dólar adicional invertido en tecnologías sostenibles puede traducirse en un incremento de valor del inmueble muy superior al de una construcción convencional. En otras palabras: la sostenibilidad paga, y paga rápido. El corazón de la revolución verde en construcción está en los materiales Cemento y acero concentran casi la mitad de las emisiones del sector, pero hoy se experimenta con tecnologías de captura de carbono, hidrógeno verde y el uso de alternativas locales como bambú, madera certificada o tierra compactada. Al mismo tiempo, el diseño arquitectónico se convierte en herramienta de ahorro. Techos blancos o techos verdes reducen el efecto de isla de calor en las ciudades y prolongan la vida útil de las cubiertas hasta un 40%. El uso de iluminación natural, combinado con vidrios de baja emisividad y sistemas de climatización inteligente, permite reducir hasta en un 30% el consumo energético de un edificio. Y la gestión eficiente del agua, a través de inodoros de bajo consumo, grifería ahorradora o sistemas de captación de lluvia, puede disminuir en 40% la demanda de este recurso. La digitalización completa el círculo: tecnologías como Building Information Modeling (BIM) y los gemelos digitales ya permiten simular el comportamiento energético antes de colocar un ladrillo, reduciendo desperdicios y optimizando cada etapa del proceso constructivo. También te puede interesar: Ecuador podría reducir hasta un 30% de su consumo energético en edificaciones con materiales sostenibles e infraestructura resiliente También hay una alta relevancia social El impacto social de la construcción sostenible es quizá menos visible, pero igual de poderoso. Edificios con buena ventilación, luz natural y confort térmico mejoran la salud de sus ocupantes, reducen el ausentismo laboral y elevan la productividad. Se estima que la expansión de la construcción verde puede generar más de nueve millones de empleos en la región, muchos de ellos de calidad, vinculados a nuevas tecnologías, energías limpias y gestión eficiente de recursos. La sostenibilidad, además, tiene un efecto multiplicador en la comunidad: alivia la presión sobre las redes de energía y agua, reduce la necesidad de invertir en nueva infraestructura pública y fortalece la seguridad energética regional. El BID calcula que, con una inversión de USD 16 mil millones en tecnologías ya disponibles, América Latina podría reducir su consumo energético en 10% en una década. No hacerlo significaría gastar más de USD 50 mil millones en nuevas plantas convencionales. La necesidad de un liderazgo prospectivo La sostenibilidad en la construcción va mucho más allá del discurso ambiental. Tiene que ver con competitividad, con bienestar social y, sobre todo, con un cambio profundo en la manera en que entendemos el desarrollo urbano. Hoy más que nunca, el sector requiere liderazgo prospectivo. Eso es la capacidad de anticipar escenarios, identificar tendencias y actuar antes de que los cambios se impongan. Quienes lideran empresas constructoras en Ecuador y en toda América Latina deben mirar más allá de los ciclos económicos inmediatos y preparar sus organizaciones para un futuro de ciudades descarbonizadas, resilientes y socialmente inclusivas. Este tipo de liderazgo implica tomar decisiones estratégicas hoy, que permitan capturar las oportunidades del mañana: invertir en nuevas tecnologías, formar talento en diseño sostenible, innovar en modelos de financiamiento y crear alianzas público-privadas que aceleren la transformación. No se trata solo de reaccionar a las regulaciones o a la presión del mercado, sino de marcar la pauta y posicionarse como referentes en la construcción verde. Por: Urs P. Jäger, Director Senior de Impacto y Sostenibilidad y Ph.D Gestión del Cambio Estratégico de INCAE Business School