Ahora podemos obtener casi cualquier material de todo el mundo simplemente buscando en Internet un distribuidor en nuestra región. Pero esta práctica tiene implicaciones importantes para nuestra sociedad, desde la pérdida de identidad arquitectónica hasta los costos ambientales relacionados con las altas emisiones de CO₂ asociadas con los procesos de extracción, fabricación, transporte y disposición de estos materiales. La creciente necesidad global de reducir nuestras emisiones de carbono y utilizar materiales de manera más eficiente nos ha llevado a investigar y aprender sobre el origen de los recursos de nuestra región, lo que finalmente nos lleva a comprender mejor sus aplicaciones dentro de un enfoque de economía circular . Pero, ¿por qué no mirar justo debajo de nuestros pies? El suelo es uno de los materiales más comunes del planeta y, cuando se obtiene localmente, no genera cantidades considerables de CO₂ incorporado. Parece que después de la industrialización, hemos olvidado que construir con tierra fue durante muchos años un método de construcción viable para nuestros antepasados en diferentes partes del mundo. Hablamos con Nicolas Coeckelberghs, uno de los cuatro fundadores de BC Materials, una cooperativa de trabajadores con sede en Bruselas que ha estado trabajando con la tierra, redescubriendo su uso y compartiendo su conocimiento a escala global mientras trabaja con una conciencia local. Construyendo con tierra en diferentes regiones El uso de materiales locales tiene un claro propósito ecológico pero también económico. En países donde la industrialización se dio con una intensidad reducida, esta práctica tiene sentido dados los altos costos de los materiales industrializados como el hormigón, el cemento y el acero, que por lo general tienen que venir del exterior. Un ejemplo es el proyecto Library of Muyinga desarrollado en la región de África Oriental por BC Architects —una práctica paralela a BC Materials— donde se concibió un proceso de construcción que involucra tanto a los usuarios finales como a las economías de segunda mano. La biblioteca se construyó con un enfoque participativo utilizando bloques de tierra comprimida de origen local y mano de obra local. El trabajo de campo en la región y provincias aledañas permitió al equipo conocer materiales, técnicas y tipologías constructivas locales para posteriormente construir la primera biblioteca en Muyinga, parte de una futura escuela inclusiva para niños sordos. Este enfoque de estudiar técnicas y tipologías locales también se aplicó en la región del norte de África, donde se utilizaron cimientos de piedra natural de origen local, paredes de adobe y un techo plano de madera y tierra para construir un preescolar bioclimático. Aunque el uso de la tierra puede parecer similar en diferentes contextos, según Coeckelberghs, "es necesario comprender la cultura de su edificio". El enfoque de la construcción con tierra cambia dependiendo de la región donde se desarrolle. En contraste con los ejemplos de África, destaca el trabajo de BC Materials en Bruselas que, al igual que otras capitales europeas como París y Ginebra, tiene grandes cantidades de tierra extraída de las excavaciones, que son vistas como desechos. Estas cantidades masivas de "residuos" representan una oportunidad teniendo en cuenta que, según Nicolas, "el 70% del suelo de Bruselas es aprovechable, y el 30% restante no porque está mezclado con otros materiales". La inmensidad de materiales disponibles en Bruselas muestra que construir con tierra no solo es viable en países menos industrializados sino también en regiones con grandes cantidades de recursos que son vistos como desperdicios. También te puede interesar: Una casa sostenible y pensada para envejecer a la vez que su dueña Casa Regional Edeghem Un ejemplo es la Casa Regional en la ciudad de Edeghem , que utilizó solo dos técnicas de construcción para la superestructura del edificio: bloques de tierra comprimida de arcilla local y un sistema de fachada y techo aislante de concreto de cáñamo aparente como acabado, lo que hace que el edificio sea CO₂ negativo. Para este proyecto se fabricaron 19.000 bloques en un taller de 3 semanas y se instalaron 312 m² de hormigón de cáñamo en un taller de 2 semanas. En total, más de 150 voluntarios aprendieron con este proyecto, haciendo que la Casa Regional refleje un enfoque educativo y ecológico a través de una arquitectura radicalmente sostenible y participativa.