Su historia en ‘La Ciudad que Nunca Duerme’ comenzó a los 18 años. Tras completar una maestría en Administración del Arte en la prestigiosa New York University, de repente descubrió que su destino no se encontraba en los pasillos de los renombrados museos, sino en el vibrante mundo del arte público. Así que, con perseverancia incansable, abrió las puertas a una emocionante aventura: se convirtió en la Asistente de Curadería en el equipo de arte en el High Line, un innovador oasis suspendido en el corazón de la ciudad de Nueva York.El equipo de arte de High Line se dedica a ampliar el papel del arte contemporáneo en los espacios públicos. “El arte público es como una conversación con el entorno y las personas que lo experimentan, es una experiencia compartida y única”, asegura Constanza. Como asistente de curaduría, trabaja con artistas para crear obras de arte público que se integren en el entorno. A través de este proceso, ella -junto a su gran equipo de trabajo- invitan a artistas a repensar el arte y su relación con el público, manteniendo en mente la durabilidad y mensaje que desean transmitir.En un museo tradicional, los curadores piensan en cómo las obras se relacionan con la colección existente. En contraste, en espacios como el High Line, se trata de seleccionar y colaborar con artistas para crear algo completamente nuevo y sorprendente. Las reflexiones de Constanza sobre su experiencia en Nueva York resuenan con numerosos artistas y creadores. Las caóticas calles de esta ciudad, inmortalizadas en innumerables películas y series de televisión, ahora se convierten en el telón de fondo de la propia historia de la artista.La joven ecuatoriana describe una ciudad rebosante de oportunidades, pero también plagada de desafíos, donde la competencia es feroz, pero la comunidad está dispuesta a colaborar y apoyar. Así fue cómo, después de vivir en varias ciudades, finalmente encontró un lugar donde experimentó un profundo sentido de pertenencia. CELEBRAR EL ARTE DE LOS ARTISTAS MIGRANTES EN LA ‘GRAN MANZANA’Con ansias de ver el arte de América Latina y de artistas inmigrantes representado en museos, decidió tomar el control de la curaduría y crear oportunidades para estos artistas emergentes a través de su propio proyecto independiente, denominado ACOMPI. Fundado por Constanza Valenzuela y Jack Radley, ACOMPI es un proyecto curatorial global con sede en Nueva York se centra en la práctica y la colaboración interdisciplinaria, sirviendo como una plataforma arraigada en la comunidad y orientada a jóvenes, con el objetivo de ampliar la intersección entre la curaduría independiente y la participación pública receptiva al sitio. La historia y el enfoque de Constanza inspira a pensar en el arte no solo como una expresión creativa, sino también como una herramienta para la colaboración comunitaria y la representación diversa. A través de su trabajo en el High Line y sus proyectos independientes, la joven ecuatoriana está moldeando el panorama artístico de Nueva York y además, creando un espacio para que las voces marginadas y emergentes se escuchen en la escena artística global. Su dedicación al arte y su compromiso con la comunidad son un recordatorio del poder transformador del arte en todas sus formas.