En este contexto, la Meta conocida como 30x30 es la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad (MMB) Kunming-Montreal, que fue adoptado en diciembre de 2022 durante la Conferencia de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica (un tratado internacional ratificado por el Ecuador y otros 195 países, que apunta a la conservación y uso sostenible de la biodiversidad del planeta). Este acuerdo es un llamado a la acción global para conservar y proteger al menos el 30% de las zonas terrestres y marinas para el año 2030. En pocas palabras, la Meta 3 del MMB Kunming-Montreal (Meta 30x30) busca conseguir que hasta el 2030, al menos el 30% de las zonas terrestres, de aguas continentales y costeras y marinas, se conserven y gestionen eficazmente mediante sistemas de áreas protegidas y otras medidas eficaces de conservación, reconociendo y respetando los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Un hito clave en este camino hacia la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, fueron las Metas Aichi, concebidas hasta el 2020. Sin embargo, el mundo evoluciona, y con él, también deben evolucionar nuestros objetivos de conservación. Las 23 metas de Kunming-Montreal reemplazaron a las Metas Aichi, estableciendo un nuevo marco de referencia para abordar los retos que enfrentamos en la conservación global después de 2020. Esta ambiciosa meta no es solo una estadística; es una oportunidad para salvaguardar los ecosistemas vitales que sustentan la vida en el planeta. A nivel nacional, esta meta cobra una importancia aún mayor. Se convierte en una responsabilidad compartida por las naciones, exigiendo la conservación de al menos el 30% de la superficie del país mediante áreas protegidas del Sistema Nacional de Áreas Protegidas y Otras Medidas Eficaces de Conservación basadas en áreas (OMECs). Sin embargo, lograr esto no es tarea de una sola entidad o sector. Requiere la convergencia de esfuerzos y la formación de alianzas en múltiples niveles. Se necesita un esfuerzo conjunto para alcanzar la meta Dada la magnitud de la Meta, su consecución no depende ni puede depender únicamente de la Autoridad Ambiental Nacional, las áreas protegidas o los guardaparques; sino de la sociedad civil en su conjunto, a través de sus iniciativas, roles y desde sus propios contextos y posibilidades. También te puede interesar: Devastación en 2022: Bosques tropicales del tamaño de Suiza perdidos Así como la Autoridad Ambiental Nacional puede declarar áreas protegidas, los gobiernos locales pueden crear y gestionar áreas de conservación y uso sostenible de biodiversidad (ACUS) o proteger áreas bajo otros esquemas. Por su parte, los pueblos indígenas protegen sus territorios ancestrales mediante distintas figuras, y existen varias reservas ecológicas privadas o comunitarias. No obstante, las actividades de conservación requieren incentivos, beneficios o esquemas de compensación a fin de ser sostenibles, y aquí es donde el sector privado entra en juego y puede cumplir un rol fundamental. Existen varios mecanismos de financiamiento ambiental, como la retribución por servicios ambientales o la compensación de emisiones para carbono neutro, mediante los cuales el sector privado puede canalizar recursos que posibiliten o reconozcan actividades de conservación orientadas a cumplir metas climáticas y de conservación. En conclusión, la Meta 30x30 no es solo una meta; es un llamado a unir fuerzas en pro de un futuro sostenible. Las alianzas entre gobiernos, comunidades, pueblos indígenas y el sector privado son esenciales para cumplir esta ambiciosa tarea. A través de la colaboración, podemos superar los desafíos y marcar el camino hacia la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, garantizando un legado duradero para las generaciones venideras. Por: Esteban Falconí, Coordinador del Proyecto Acelerando el progreso hacia la meta 30x30.